La región incrementa la producción de gas y amplía su infraestructura, pero todavía necesita reglas, inversiones y mercados coordinados para abastecer la demanda de forma competitiva.

América Latina atraviesa una paradoja energética: dispone de una producción creciente de gas natural, recursos convencionales y no convencionales, y una red de gasoductos desarrollada a lo largo de varias décadas.
A esa infraestructura se suma la expansión de las capacidades regionales vinculadas al gas natural licuado (GNL). Sin embargo, la disponibilidad de recursos y obras no garantiza por sí sola un suministro eficiente para los mercados que requieren mayor abastecimiento.
El principal desafío consiste en articular esos activos dentro de un esquema regional que permita transportar el gas de manera confiable y a precios competitivos. Para eso, resultan necesarias reglas previsibles, nuevas inversiones y una mayor coordinación entre los mercados.
La demanda energética en distintos puntos de América Latina continúa creciendo, mientras la región busca aprovechar sus reservas y la infraestructura existente. La integración aparece así como una condición clave para convertir el potencial gasífero en una fuente de energía con mayor alcance regional.

Con información de Ámbito — Energía.



