Florencia Giordano, Superintendente de Adquisición de Talento en Barrick Gold Corporation- Veladero, una de las voces reconocidas de la minería de clase mundial, plantea el doble desafío: estar preparado para ingresar al sector y qué deben ofrecer las empresas para que los nuevos talentos se desarrollen, construyan su carrera y una vida fuera del trabajo


Cuando hablamos del futuro de la minería, solemos pensar en nuevos proyectos, tecnología, automatización o innovación. Sin embargo, hay una pregunta que atraviesa cada uno de esos desafíos: ¿quiénes van a hacer posible esa minería?
Desde mi experiencia trabajando en Recursos Humanos en una operación minera de clase mundial, aprendí que gestionar talento en minería tiene características muy particulares.
No alcanza con encontrar personas que cuenten con los conocimientos técnicos adecuados. Necesitamos profesionales capaces de desenvolverse en contextos complejos, adaptarse, trabajar colaborativamente, tomar decisiones y, fundamentalmente, comprender que la seguridad es un valor que atraviesa cada aspecto de la operación.

El talento se vuelve esencial para los desafíos que plantea la minería moderna. Foto: gentileza Barrick.
La alta montaña agrega, además, una dimensión especial. Trabajar lejos de la familia, con sistemas de turnos y en condiciones geográficas y climáticas exigentes requiere preparación, pero también resiliencia, autonomía y capacidad de convivencia.
Por eso, las habilidades blandas dejan de ser un complemento para convertirse en competencias esenciales y claves para el éxito.
La comunicación, la empatía, la flexibilidad, el liderazgo y la capacidad de construir vínculos diversos complementan competencias técnicas que siguen siendo indispensables en una industria cada vez más especializada.

Trabajar en climas asperos y lejos de la famila, requiere personas capaces de construir vínculos para llevar adelante una tarea, más allá de los conocimientos técnicos.
Por supuesto, la formación técnica sigue siendo determinante.
La minería es una industria cada vez más sofisticada, atravesada por la tecnología, los datos y la búsqueda permanente de la excelencia.
Pero hoy necesitamos algo más: profesionales que puedan combinar ese conocimiento con pensamiento crítico, curiosidad, capacidad de aprendizaje, comunicación y liderazgo.
Y allí aparece uno de los desafíos actuales: sumar talento joven.
Incorporar a las nuevas generaciones significa construir el talento que necesitaremos en los próximos años, y los jóvenes llegan con otras preguntas. Quieren saber para qué hacen lo que hacen, buscan aprender y crecer rápidamente (con tiempos mucho más cortos que las generaciones precedentes), esperan ser escuchadas y valoran las oportunidades de desarrollo.

Mujeres conductoras de camiones fuera de ruta. Protagonistas de la nueva cultura minera que propone Barrick-Veladero. Foto: gentileza Barrick.
También tienen una relación diferente con las nuevas tecnologías, con el liderazgo y con el equilibrio entre la vida personal y laboral.
A veces esas expectativas interpelan modelos tradicionales de nuestra industria.
El desafío no es pedirles a los jóvenes que se adapten simplemente a la minería que construimos durante décadas. También nosotros debemos preguntarnos qué minería tenemos que construir para que quieran ser parte de ella, y proyectar su futuro.
Acercar la industria a estudiantes y jóvenes es fundamental, ofrecer espacios de aprendizaje, para que puedan desarrollar prácticas, pasantías, programas de jóvenes profesionales y primeras experiencias laborales, y es ahí donde cobra verdadera importancia el trabajo conjunto con universidades e instituciones educativas.
Pero atraerlos no alcanza.
El verdadero desafío es lograr que encuentren oportunidades para crecer, asumir responsabilidades y proyectar una carrera.
Algo similar ocurre con la incorporación de mujeres.
Quienes trabajamos en minería sabemos cuánto ha cambiado nuestra industria en este aspecto. Hoy vemos mujeres ocupando espacios y desarrollando carreras que años atrás parecían impensadas.
Sin embargo, todavía queda mucho por hacer, pero ser parte de esta transformación cultural, de este cambio de paradigma en la industria, es algo que personalmente me convoca y apasiona.
La inclusión no puede reducirse a mejorar un porcentaje.

Ampliar los espacios de participación de las mujeres en la minería, no es sólo hacer crecer un porcentaje, advierte la autora.
Incorporar más mujeres implica revisar nuestras prácticas, nuestros procesos de selección y desarrollo, nuestros estilos de liderazgo y también aquellos sesgos que, muchas veces de manera inconsciente siguen operando, con el fin de lograr que el género no sea una limitante, y la decisión de maternar no sea un condicionante.
Desde Recursos Humanos tenemos una responsabilidad concreta. Cada búsqueda puede abrir una oportunidad.
Cada entrevista puede descubrir un potencial que un currículum no muestra.
Cada decisión de desarrollo puede contribuir a construir equipos más diversos.
Por eso creo en procesos de selección que miren más allá de las trayectorias tradicionales y se animen a identificar capacidades, potencial y nuevas perspectivas.
Después de años trabajando cerca de las personas que hacen posible una operación minera, hay algo que tengo cada vez más claro: el talento será uno de los grandes factores de competitividad de nuestra industria.
La minería que viene necesitará tecnología, innovación e inversión. Pero, sobre todo, necesitará personas preparadas para aprender, adaptarse y trabajar con otros.
Nuestro desafío será atraerlas, desarrollarlas y generar las condiciones para que elijan
quedarse. Y, al hacerlo, tenemos una posibilidad enorme: construir una minería donde más jóvenes y más mujeres puedan encontrar oportunidades, desarrollarse y ser protagonistas de su futuro.
Porque el futuro de la minería no depende solamente de los recursos que seamos capaces de desarrollar.
También depende del talento al que seamos capaces de abrirle la puerta.
Narración generada con inteligencia artificial.
La nota plantea que, más allá de proyectos y tecnología, el futuro de la minería depende del talento que pueda operar en contextos complejos. Señala que no alcanza con la formación técnica: se requieren habilidades blandas como comunicación, empatía, flexibilidad, liderazgo y trabajo colaborativo, además de resiliencia para trabajar lejos de la familia y en condiciones climáticas exigentes. También destaca la necesidad de sumar talento joven y avanzar en la incorporación de mujeres mediante cambios en procesos de selección y desarrollo.
La nota aborda un tema crítico para la competitividad del sector: cómo atraer y desarrollar perfiles capaces de sostener operaciones modernas y seguras, incorporando nuevas generaciones y ampliando la participación de mujeres mediante cambios en las prácticas de recursos humanos.
Resumen generado con asistencia de inteligencia artificial y revisado por el equipo editorial.



