Dos libros blancos de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía analizan cómo la región puede capitalizar sus reservas de litio y cobre y revertir su rezago en eficiencia energética, con la vista puesta en 2035.

La Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) presentará el lunes 5 de octubre, a las 15:00 horas, dos libros blancos que abordan el futuro minero-energético de la región: uno centrado en el desarrollo minero y la planificación energética, y otro en la eficiencia energética. El evento se realizará en conjunto con el Ministerio de Energía y Minas de la República Dominicana, en el marco de la XI Semana de la Energía, en la Sala Embajador 3 del Hotel El Embajador, en Santo Domingo, y podrá seguirse de manera remota a través del canal de YouTube de OLACDE.
El documento sobre desarrollo minero plantea un escenario de crecimiento acotado pero concreto: si la región amplía de manera significativa su capacidad de refinación y procesamiento de minerales críticos, el valor económico de esa producción podría pasar de USD 185.000 millones a USD 220.000 millones hacia 2035. La diferencia, de USD 35.000 millones, no surgiría de forma automática sino que exigiría coordinar inversiones, infraestructura logística y planificación energética de manera simultánea, según se desprende del análisis.
América Latina y el Caribe concentra, según los libros blancos, alrededor del 60% de las reservas mundiales de litio y más del 30% de las de cobre. Esa dotación de recursos ubica a la región entre los principales proveedores globales de insumos para la transición energética, en particular para baterías, electromovilidad y redes eléctricas. Sin embargo, el propio análisis de OLACDE subraya que buena parte de ese valor se exporta como materia prima con escaso procesamiento local, lo que limita la captura de valor agregado dentro de las economías productoras.
El diagnóstico sostiene que ampliar la capacidad de refinación y procesamiento —es decir, avanzar desde la etapa extractiva hacia eslabones industriales de mayor complejidad— es la variable central para capturar esa oportunidad de USD 35.000 millones adicionales. Esto implica inversión en plantas de procesamiento, infraestructura de transporte y, de manera central, una matriz eléctrica capaz de abastecer esos procesos de forma competitiva y sostenida.
El libro blanco destaca que la región cuenta con una generación eléctrica cercana al 70% renovable, un dato que se plantea como un activo estratégico para la minería del futuro, en un contexto global donde la trazabilidad ambiental de los minerales críticos comienza a condicionar el acceso a mercados y financiamiento internacional. La convergencia entre recursos minerales abundantes y una matriz eléctrica limpia es presentada como una combinación poco frecuente a nivel global, que podría diferenciar a los proyectos mineros latinoamericanos frente a otros orígenes de abastecimiento.
No obstante, el documento no desconoce que transformar esa ventaja en proyectos competitivos requiere coordinación entre planificación energética y planificación minera, dos agendas que históricamente se desarrollaron de manera independiente en buena parte de los países de la región. La falta de esa articulación, según el análisis, es uno de los principales obstáculos para escalar la capacidad de procesamiento local.
El segundo documento, el Libro Blanco de la Eficiencia Energética, expone una brecha significativa: entre 2000 y 2023, la región mejoró su eficiencia energética a un ritmo de apenas 0,54% anual, frente a un promedio mundial de 1,37%. Esa diferencia implica que, mientras otras regiones del mundo avanzan en reducir el consumo energético por unidad de producto a un ritmo más del doble que el de América Latina y el Caribe, la región acumula un rezago que impacta directamente en la competitividad de sus sectores productivos.
El diagnóstico institucional también es elocuente sobre las capacidades de gestión pública en la materia: de los 27 países miembros de OLACDE, solo ocho cuentan con una meta numérica de eficiencia energética identificable públicamente, y apenas cinco disponen de un balance de energía útil actualizado. Estas herramientas de planificación —metas cuantificables y balances energéticos— son consideradas insumos básicos para diseñar políticas públicas efectivas de ahorro energético, por lo que su escasez limita la capacidad de los Estados para monitorear avances y corregir rumbos.
El libro blanco identifica a la industria como el sector con mayor margen de mejora: consume más del 28% de la energía final de la región, un porcentaje que lo convierte en el principal foco de las políticas de eficiencia. En ese sentido, el documento releva experiencias concretas de gestión energética bajo la norma ISO 50001, un estándar internacional de sistemas de gestión de la energía. Según el relevamiento, 66 experiencias de implementación de esta norma en la región evitaron gastos energéticos por más de USD 70 millones, una cifra que ilustra el potencial de ahorro disponible incluso sin grandes inversiones en infraestructura nueva, sino a partir de mejoras de gestión y procesos.
Ambas publicaciones fueron concebidas como herramientas de orientación para el diseño de políticas públicas y la toma de decisiones de inversión, en un contexto de transformación acelerada de los mercados energéticos y minerales a nivel global. La elección de República Dominicana como sede de la presentación, en el marco de la XI Semana de la Energía organizada junto al Ministerio de Energía y Minas local, se enmarca en la estrategia de OLACDE de articular estos diagnósticos con los gobiernos de la región.
El material difundido no incluye declaraciones atribuidas a funcionarios o ejecutivos de OLACDE ni del Ministerio dominicano, por lo que el contenido sustantivo de la presentación —y eventuales anuncios adicionales de política pública o cooperación entre países— quedará sujeto a lo que se exponga durante el evento del 5 de octubre, transmitido en vivo por el canal de YouTube de la organización.
Para los países de América del Sur con producción minera activa, entre ellos Argentina, Chile, Perú y Bolivia, el diagnóstico de OLACDE plantea una pregunta de fondo que excede lo técnico: si la región seguirá exportando minerales críticos con bajo procesamiento o si logrará, en la próxima década, capturar una porción mayor del valor agregado que hoy se genera fuera de sus fronteras.



