El especialista en Talento, Guillermo Ceballos Serra, analiza el recorrido de la docente Janet Romero, quien dejó las minas pero hoy trasmite su experiencia a las nuevas generaciones desde las aulas


Hace unos días, Comunicaciones Mineras publicó la historia de Janet Romero, una técnica minera de Malargüe cuya trayectoria merece ser leída no solamente como un ejemplo de superación personal, sino también como una invitación a reflexionar sobre el desarrollo del talento en la industria minera.
Janet comenzó su carrera en un ámbito donde la presencia femenina era excepcional: fue la única mujer entre 29 jóvenes seleccionados para un programa de formación minera. Trabajó durante años en yacimientos, especializándose en el mantenimiento de equipos.
Más adelante, cuando la maternidad y sus prioridades personales la llevaron a replantear su actividad, encontró nuevas maneras de seguir vinculada con su profesión. Hoy combina la docencia técnica con tareas de relacionamiento comunitario en una empresa de exploración minera. Su historia encierra una enseñanza que trasciende la cuestión de género: reinventarse profesionalmente no significa empezar de cero, sino encontrar nuevas maneras de aprovechar lo que ya sabemos.
Durante mucho tiempo, las organizaciones tendieron a asociar el desarrollo profesional con una progresión relativamente lineal: aprender un oficio, adquirir experiencia, asumir mayores responsabilidades y avanzar dentro de una especialidad. Ahora bien, las trayectorias profesionales no siempre siguen ese recorrido. Cambian las tecnologías, las organizaciones, las circunstancias familiares y también las aspiraciones personales.
Una actividad que resultaba adecuada en determinada etapa puede dejar de serlo años después. La historia de Janet muestra que ese cambio no tiene por qué significar una pérdida de identidad profesional.
Los conocimientos que adquirió trabajando con equipos mineros no desaparecieron cuando dejó las tareas operativas. Se convirtieron en una base valiosa para enseñar, orientar a futuros técnicos y relacionarse con comunidades vinculadas a la actividad. La experiencia no perdió valor. Encontró nuevas formas de expresarse.

Janet en sus épocas de mujer minera en campo. Parte de su trabajo era arreglar los equipos en los yacimientos.
Este concepto tiene especial relevancia para una industria que necesita incorporar personas, desarrollar capacidades y construir vínculos duraderos con las comunidades donde opera.
El desafío no es solamente incorporar talento, sino descubrirlo Cuando se habla de recursos humanos en minería, gran parte de la atención suele concentrarse en la necesidad de formar nuevos trabajadores y cubrir posiciones técnicas.
Es un desafío importante, pero existe otro, igualmente relevante: identificar las capacidades que las personas ya poseen y que podrían aplicar en funciones diferentes. Un trabajador experimentado puede convertirse en un excelente formador de nuevos colaboradores. Un técnico con conocimiento del territorio puede aportar una perspectiva valiosa en las relaciones comunitarias.
Una persona con experiencia operativa puede contribuir a la seguridad, la mejora de procesos o la transmisión de conocimientos. Esto no sucede automáticamente. Requiere que las organizaciones amplíen su mirada sobre el talento y que los propios trabajadores aprendan a reconocer capacidades que, por estar incorporadas a su rutina, muchas veces no valoran suficientemente.

Janet Romero, mujer pionera de la minería en Argentina. Hoy es docente.
En mi experiencia en Recursos Humanos y desarrollo de personas, he observado que una de las mayores dificultades frente a los cambios profesionales no siempre es la falta de capacidades, sino la dificultad para reconocerlas y proyectarlas hacia nuevas oportunidades. Aprender, desaprender y animarse a cambiar Reinventarse también exige aceptar que la experiencia, por sí sola, no alcanza. Es necesario seguir aprendiendo, revisar hábitos, incorporar nuevas perspectivas y, en ocasiones, abandonar la idea de que nuestra identidad profesional está definida exclusivamente por el puesto que ocupamos.
Ese proceso puede generar incertidumbre.
Quien ha dedicado muchos años a una actividad suele encontrar seguridad en lo conocido. Cambiar de función, asumir responsabilidades diferentes o iniciar una nueva etapa profesional puede despertar dudas sobre las propias posibilidades. La capacitación técnica, aunque indispensable, no siempre resulta suficiente.
También hace falta acompañar a las personas para que desarrollen confianza, apertura al aprendizaje y capacidad para construir nuevos proyectos. Aquí los líderes y las áreas de Recursos Humanos tienen un papel fundamental: crear condiciones para que las personas puedan explorar alternativas, reconocer sus fortalezas y asumir nuevos desafíos sin sentir que están desechando su trayectoria anterior.
Hay otro aspecto especialmente interesante en la historia de Janet: su decisión de transmitir conocimientos a las nuevas generaciones. La reinvención profesional no es solamente un proceso individual, también puede generar valor para otros.
Cuando una persona experimentada encuentra una nueva manera de contribuir, sus aprendizajes pueden convertirse en oportunidades para quienes recién comienzan.
En una industria como la minería, donde conviven conocimientos técnicos, experiencia de campo, cultura de seguridad y relaciones con las comunidades, esta transmisión resulta particularmente importante. Las organizaciones deberían preguntarse no solamente cómo incorporar nuevos talentos, sino también cómo aprovechar mejor el conocimiento de quienes ya han recorrido un largo camino. Mentorías, formación interna, acompañamiento de nuevos trabajadores y movilidad entre funciones son algunas de las alternativas posibles.
No se trata de trasladar automáticamente a cualquier persona experimentada hacia una función de enseñanza o liderazgo. Se trata de reconocer que su trayectoria puede abrir posibilidades que quizás nunca se habían considerado.
La historia de Janet Romero es valiosa por su condición de pionera y por su compromiso con la formación de nuevas generaciones de mujeres en minería, pero también nos deja una reflexión más amplia sobre el futuro del trabajo. Las carreras profesionales son cada vez menos previsibles.
A lo largo de la vida podemos atravesar cambios de función, nuevas responsabilidades, interrupciones, aprendizajes inesperados y decisiones personales que modifican nuestro rumbo. Frente a esa realidad, las organizaciones necesitan desarrollar una mirada más flexible sobre las personas y sus posibilidades. Por su parte, las personas necesitan comprender que su experiencia no las limita a repetir lo que siempre hicieron.
Por el contrario, puede ser el punto de partida para descubrir nuevas maneras de aportar valor, ya que reinventarse no es negar el camino recorrido, sino utilizar todo lo aprendido para construir el camino que viene.