Fue la única mujer entre 29 técnicos de todo el país cuando comenzó su carrera en la industria minera. Hoy es mamá y docente y anima a sus alumnas a sumarse

Janet Alejandra Romero tiene 38 años, es mamá, técnica minera y docente. Nació en Malargüe y desde chica encontró en el suelo de su tierra una vocación que terminó convirtiéndose en su profesión y mucho más, su propósito.
Su historia comenzó en las aulas de la Escuela Técnica Industrial Minera (ESTIM) N° 4-018 “Gral. Manuel Nicolás Savio”, donde se recibió en 2006, y continuó en algunos de los principales yacimientos del país, gracias a una beca otorgada por una minera que la llevó a Chile a estudiar las últimas técnicas en la industria.
Hoy, desde su doble rol como profesora y colaboradora de Kobrea Exploraciones Argentinas, busca que las nuevas generaciones encuentren en la minería una oportunidad para desarrollarse sin tener que abandonar el lugar donde nacieron. De hecho, es la única minera que trabaja en esta empresa internacional que puso sus ojos en el cobre mendocino.
De tal es la envergadura de su labor que capacita y transmite el valor de los minerales en la generación de energía. Un tema central para la transición energética.
Su primera gran oportunidad llegó en 2007, cuando una empresa convocó a egresados de escuelas técnicas de todo el país para formar un grupo de aprendices. Entre 29 jóvenes seleccionados, ella era la única mujer.

Janet Romero es técnica minera, docente, mujer pionera de la minería en el país. Hoy trabaja en Kobrea, en el relacionamiento con la comunidad.
“Tuve la posibilidad de entrar a la empresa, que me pagó mis estudios. Yo estudiaba en Chile, en Antofagasta. Estaba tres meses estudiando allá, con toda la tecnología que este país nos brindaba, y venía dos meses a hacer prácticas acá, en los yacimientos de Argentina”, recuerda.
La formación combinaba aprendizaje académico y trabajo de campo. San Juan, Catamarca, Santa Cruz y Buenos Aires fueron parte de su recorrido. Su especialidad era la mecánica electrohidráulica: herramientas en mano, trabajaba junto a sus compañeros en el mantenimiento y la reparación de equipos mineros, tanto en explotaciones a cielo abierto como subterráneas.
Después de completar el programa de formación, continuó trabajando en la empresa durante casi ocho años más. La experiencia le permitió conocer desde adentro una industria que, por entonces, todavía tenía que abrirle espacio a las mujeres en muchos de sus ámbitos laborales.
“Yo las primeras veces que me fui eran proyectos donde quizás no tenía ni un baño químico para una mujer. Al ser la primera que llegaba a ese proyecto, tuvieron que habilitar un baño y resolver el tema de las habitaciones”, cuenta. Con el tiempo, las condiciones fueron cambiando y las mujeres comenzaron a ganar un lugar más visible en los equipos de trabajo.

Janet en sus épocas de mujer minera en campo. Parte de su trabajo era arreglar los equipos en los yacimientos.
La maternidad marcó un nuevo capítulo en su historia. Los esquemas de trabajo, con períodos de 15 días en el campo por otros 15 de descanso o de 21 días de trabajo por siete de franco, comenzaron a ser más difíciles de compatibilizar con la vida familiar.
“Decidí formar una familia y tener a mi hijo. Ya los tiempos son diferentes. Como yo me iba durante meses, al ser mamá se me complicaba. Entonces decidí volver a Malargüe y quedarme acá”, explica.
“Yo sé que fui pionera. Siempre les hablo a mis estudiantes de esto: si la minería llega acá a Malargüe, vamos a necesitar otros profesionales. Si queremos seguir estando acá y trabajar en nuestro suelo, necesitamos seguir profesionalizándonos, seguir estudiando”.
Volver no significó abandonar la minería. Por el contrario, encontró en la docencia una manera de seguir vinculada a su especialidad y compartir lo aprendido durante sus años en los yacimientos. Desde hace más de una década trabaja en la Escuela Técnica Minera de Malargüe, donde acompaña a estudiantes que se preparan para ingresar al mundo laboral.

Janet junto a su esposo Horacio y sus dos hijos: Tiziana (8) y Bruno (11).
Las chicas de sexto año que la acompañaron en la entrevista con Comunicaciones Mineras quieren seguir sus pasos.
Es la profe de prácticas profesionalizantes, la materia que permiten que los futuros técnicos se acerquen a las empresas y conozcan cómo se desarrolla la actividad. Realizan trabajos de topografía, salen al terreno, toman muestras y luego las analizan en la escuela. La idea es que puedan comprender los procesos y las exigencias de una industria que forma parte de la historia productiva de la región.
Pero para Romero, enseñar también implica transmitir una mirada sobre el futuro de su ciudad. Su objetivo es que las estudiantes no solo obtengan un título, sino que puedan continuar formándose y encontrar oportunidades laborales en su propia provincia.
“Yo sé que fui pionera. Siempre les hablo a mis estudiantes de esto: si la minería llega acá a Malargüe, vamos a necesitar otros profesionales. Si queremos seguir estando acá y trabajar en nuestro suelo, necesitamos seguir profesionalizándonos, seguir estudiando”, sostiene.

Janet, mujer pionera de la minería y mamá. Hoy educa y trabaja para la minería sustentable.
Ese compromiso con el desarrollo local también la llevó a participar, junto con otros docentes y egresados, en los primeros pasos del proyecto Malargüe Distrito Minero, entre 2018 y 2020. La iniciativa surgió desde la escuela técnica con una meta concreta: impulsar una minería responsable que permitiera a los técnicos y profesionales formados en la región ejercer su actividad en Mendoza.
La propuesta buscaba responder a una realidad conocida por muchos jóvenes de Malargüe: tener que irse a otras provincias para trabajar de aquello que habían estudiado. Con el avance de los proyectos de exploración y el desarrollo de Malargüe Distrito Minero Occidental, comenzaron a llegar empresas interesadas en evaluar el potencial geológico del sur mendocino.
Una de ellas fue Kobrea Exploraciones Argentinas, compañía en la que Romero colabora desde hace dos años. Su tarea está vinculada principalmente con las relaciones institucionales y comunitarias, aunque también mantiene contacto con pobladores rurales, geólogos y empresas que participan de las actividades.
De trabajar con equipos mineros pasó a convertirse en un nexo entre la actividad y la comunidad. Su experiencia técnica, el conocimiento del territorio y su vínculo con la escuela le permiten acercar preguntas, inquietudes y expectativas de los habitantes de Malargüe a una industria que se encuentra en etapa de exploración.
Kobrea se asoció con BHP para avanzar en la exploración de cobre en Mendoza. En ese contexto, Romero considera que la información, la capacitación y el diálogo son fundamentales para que la población conozca qué se hace en el territorio y cuáles son los desafíos de la actividad.
“Lo importante es empezar a concientizarse, escuchar y preguntar. La Escuela Técnica Minera es pública y la comunidad se puede acercar. También hacemos capacitaciones y charlas, siempre con las puertas abiertas para que la gente pueda sacarse las dudas”, afirma.
Su mirada sobre la minería responsable está atravesada tanto por su formación técnica como por su tarea educativa. Reconoce que, como todas las industrias, la actividad genera impactos, pero destaca que existen tecnologías y herramientas de seguimiento que pueden contribuir a reducirlos. Entre los temas que requieren especial atención menciona el uso eficiente del agua y la trazabilidad de los procesos.
En Malargüe, explica, la minería no es la única actividad productiva. La explotación de hidrocarburos forma parte de la vida económica de la zona desde hace décadas, y considera que distintas industrias pueden convivir si existe conocimiento, control y responsabilidad.
Para Romero, ser mujer y ser mamá no representa un impedimento para trabajar en minería. Sin embargo, reconoce que las distancias y el tiempo lejos de casa siguen siendo desafíos, especialmente para quienes tienen hijos. También destaca que las condiciones de los campamentos y la infraestructura para las trabajadoras evolucionaron desde sus primeros años en el sector.
Su propia trayectoria es un ejemplo de cómo una carrera puede cambiar de forma sin perder su esencia. La joven que recorrió yacimientos con una caja de herramientas hoy combina su experiencia industrial con la enseñanza y el trabajo comunitario. Desde el aula, transmite a sus alumnas la curiosidad por los minerales, el conocimiento del territorio y la importancia de cuidar los recursos naturales.
Y, sobre todo, les recuerda que el título de técnica minera puede ser apenas el comienzo de un camino que incluye nuevas especializaciones y profesiones: seguridad, procesos, ingeniería, geología y otras áreas que acompañan el desarrollo de un proyecto minero.
“Necesitamos seguir capacitándonos para trabajar en nuestro propio suelo”, resume.
En su historia, la maternidad no significó dejar atrás una vocación, sino encontrar otra manera de ejercerla. Hoy, entre la escuela y la industria, Janet Romero busca que las nuevas generaciones tengan más oportunidades que las que encontró aquella única mujer entre 29 aprendices. Que puedan formarse, elegir su futuro y construirlo en Malargüe, sin tener que renunciar a su hogar.
Narración generada con inteligencia artificial.
Janet Alejandra Romero, técnica minera y docente de Malargüe, es pionera en un campo tradicionalmente masculino. Formada en la Escuela Técnica Minera, ha trabajado en importantes yacimientos argentinos y en Kobrea Exploraciones Argentinas, donde se dedica a las relaciones comunitarias. Su objetivo es empoderar a nuevas generaciones, fomentando la minería responsable y brindando oportunidades laborales en su localidad. Romero combina su experiencia técnica con la enseñanza, inspirando a jóvenes a seguir en la minería y cuidar sus recursos naturales.
La historia de Janet Romero es crucial para resaltar el papel de las mujeres en la minería y la importancia de la educación técnica en la generación de oportunidades laborales locales, contribuyendo así al desarrollo sostenible en Malargüe.
Resumen generado con asistencia de inteligencia artificial y revisado por el equipo editorial.



