Guillermo Mosso, consultor en minería y energía, sostiene que el desafío de Mendoza no es solo volver a tener minas, sino reconstruir el ecosistema de proveedores, capital humano y conocimiento que supo tener antes de 2007

Narración generada con inteligencia artificial.
La nota sostiene que un ecosistema minero requiere una trama que incluya empresas, proveedores, profesionales, universidades, laboratorios, infraestructura, capital, Estado y comunidades, para transformar proyectos puntuales en una industria con servicios y conocimiento. Explica que Mendoza contó en los 90 con una presencia relevante de compañías y capacidades asociadas, pero que el proceso se cortó en 2007 con la Ley 7.722, deteniéndose la exploración. En los últimos dos años reanuda avances con proyectos y nuevas inversiones. También plantea desafíos de capital humano, formación, desarrollo de proveedores, financiamiento y coordinación regional con San Juan, junto con requisitos de licencia social.
El desarrollo de un ecosistema condiciona la continuidad de la actividad minera: sin exploración, formación, proveedores, infraestructura, financiamiento y controles, los proyectos no logran sostenerse ni generar una industria regional más amplia.
Resumen generado con asistencia de inteligencia artificial y revisado por el equipo editorial.
Un ecosistema minero se construye a partir de una red mucho más amplia que los propios proyectos: empresas, proveedores, profesionales, universidades, laboratorios, infraestructura, capital, Estado y comunidades. Esa trama es la que permite que los proyectos se exploren, se financien, se desarrollen y operen, y la que transforma una actividad minera puntual en una industria con capacidad de generar conocimiento, servicios, inversión y nuevas oportunidades. Sin esas piezas pueden existir proyectos mineros, pero no necesariamente una industria.
Chile, Australia y Canadá son buenos ejemplos. La minería desarrolló alrededor de los yacimientos redes de proveedores, conocimiento, tecnología, financiamiento y servicios especializados que adquirieron valor propio. La mina genera demanda; el ecosistema multiplica sus efectos.
Mendoza no parte de cero. Durante los años 90 y hasta 2007 llegó a concentrar una presencia importante de compañías mineras. Decenas de empresas exploradoras tuvieron algún grado de radicación en la provincia, aun cuando muchas trabajaban sobre proyectos ubicados en otras jurisdicciones. A mediados de los 90 Mendoza llegó a ser considerada “la capital de la minería argentina”, cuando Alumbrera todavía no había comenzado a producir y Veladero estaba muy lejos de hacerlo.


Para el columnista hace falta mucho más que activar una mina. Hay que desarrollar una plataforma de servicios para la minería para que Mendoza pueda dar todo su potencial.
Había razones. Mendoza ofrecía profesionales, servicios, universidades, laboratorios, aeropuerto internacional, cercanía con Santiago de Chile y una ubicación estratégica sobre el principal corredor hacia el Pacífico. Todo eso sigue estando. Algunas condiciones mejoraron; otras lamentablemente empeoraron, como la infraestructura de conexión terrestre con Chile.
En 2007 ese proceso se cortó. Con la sanción de la Ley 7.722 prácticamente todas las empresas se fueron de Mendoza y los proyectos se detuvieron. Pero la pérdida más difícil de recuperar fue otra: se interrumpió la exploración y, con ella, la acumulación de conocimiento geológico, profesional y empresario. En minería dejar de explorar es parecido a dejar de plantar en la industria forestal: quince años después no hay árboles cuya sombra aprovechar. Mendoza bajó la persiana y San Juan se convirtió en el epicentro minero de Argentina.

En los últimos 2 años, la minería comenzó a avanzar en la provincia. PSJ Cobre Mendocino -que obtuvo su aprobación ambiental para producir-, está en pleno proceso de ingeniería final para su construcción. Entre el centenar de proyectos de exploración aprobados en Malargüe, Kobrea perforó en El Perdido y acordó con BHP avanzar sobre otros proyectos de cobre. First Quantum también anunció su instalación en Mendoza. Después de casi dos décadas, grandes compañías volvieron a mirar la provincia.

Guillermo Mosso, consultor en minería y energía y ex legislador de Mendoza.

Pero las minas, por sí solas, no construyen un ecosistema.
Mendoza tiene capital humano minero, aunque durante años buena parte tuvo que formarse o trabajar fuera de la provincia. Muchos profesionales mendocinos hoy desarrollan sus carreras en San Juan, en otras regiones del país o en el exterior. El desafío es ofrecerles oportunidades para volver y, al mismo tiempo, formar nuevas generaciones. Durante años la oferta específica estuvo circunscripta a nivel terciario, como el INSUTEC y las escuelas técnicas de Malargüe. Pero hoy empiezan a sumarse propuestas universitarias.
También se está desarrollando una red de proveedores y se conformó el Clúster de Proveedores para la Minería y la Energía de Cuyo. Las cámaras sectoriales tienen allí un rol importante: agrupar, fortalecer y representar a la capacidad productiva mendocina, ayudar a elevar estándares y generar mejores condiciones para competir. El objetivo no debe ser garantizar contratos ni crear intermediaciones obligatorias. Ninguna cámara puede transformarse en dueña del desarrollo local. El verdadero desafío es conseguir empresas mendocinas preparadas para competir y ganar esos contratos por capacidad, calidad y eficiencia.

La UTN dictará la carrera de Ingeniero en Minas en 2027.
Otra iniciativa puede darle a Mendoza una especialización propia. Impulsa Mendoza, Toronto Stock Exchange y la Bolsa de Comercio trabajan en instrumentos financieros vinculados con la minería y en conexiones con mercados de capitales internacionales. La oportunidad excede a los proyectos mendocinos: Mendoza puede convertirse en una plaza desde la cual se estructuren inversiones para exploración y desarrollo minero en toda la Cordillera.
Eso obliga también a pensar de forma estratégica la relación con San Juan, no como competencia, sino como complementariedad. San Juan concentra la mayoría de los principales proyectos de cobre de clase mundial de Argentina y acumula más de quince años de experiencia en gran minería, proveedores desarrollados, profesionales y conocimiento empresario. Mendoza puede aportar escala urbana, servicios, industria, capacidad financiera, logística y vinculación con Chile. Juntas debemos conformar una región minera mucho más potente que cualquiera de las dos por separado.
El ecosistema debe completarse con tecnología -donde Mendoza ya cuenta con un ecosistema de economía del conocimiento-, infraestructura, servicios profesionales, organismos de control sólidos y una relación permanente con las comunidades. La licencia social no se obtiene una vez ni pertenece a ninguna institución. Se construye día a día con información, generación de confianza, controles, transparencia y cumplimiento.
Por eso, entre TGA Auditores & Consultores y Rodríguez & Gregorio Compañía de Abogados creamos RAIZON, una consultora con foco en minería, energía y recursos naturales. La idea es trabajar sobre aquello que muchas veces falta para que una oportunidad se convierta en un negocio concreto: vincular proyectos con el capital, empresas con las oportunidades y resolver las cuestiones legales, regulatorias, tributarias, financieras y empresariales que aparecen en ese camino.
El desafío de Mendoza no es solamente volver a tener minería. Es reconstruir alrededor de ella el ecosistema que alguna vez empezó a desarrollar y convertirlo en una plataforma de servicios, conocimiento, inversión y negocios para toda la región cordillerana.
Por Guillermo Mosso
Socio Director de RAIZON – Regulatory & Investment Advisory



