El acuerdo entre Dioxitek y Nano Nuclear Energy para completar la planta de Formosa reabre el debate sobre la producción nacional de uranio

Un acuerdo de más de 230 millones de dólares entre la empresa estatal Dioxitek y la estadounidense Nano Nuclear Energy para terminar la planta de Formosa reactivó el debate sobre el rol de la Argentina en el ciclo del combustible nuclear. Y aunque el proyecto se concreta en el norte del país, sus implicancias también alcanzan a Mendoza: la provincia alberga en Sierra Pintada uno de los antecedentes mineros de uranio más importantes de la Argentina, hoy detenido y en etapa de evaluación y remediación ambiental.
Sierra Pintada, ubicada en el departamento de San Rafael, fue la última instalación uranífera en operar en el país: el Complejo Minero Fabril San Rafael cesó su producción en 1997, en el marco del cierre generalizado de la actividad minera de uranio en la Argentina durante los años 90. Desde entonces, el abastecimiento de las centrales nucleares argentinas se cubre exclusivamente con importaciones.
El yacimiento está hoy bajo la órbita de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), que lo mantiene en etapa de evaluación y remediación ambiental, sin que se haya tomado aún la decisión de avanzar hacia una explotación comercial. Es, junto con proyectos en Río Negro, Chubut y Salta, uno de los puntos del país donde existe uranio identificado pero sin desarrollo productivo activo.

Sierra Pintada, mina de uranio en Mendoza.
Según datos de la Cámara de Empresas Mineras de Mendoza, la Argentina cuenta con reservas de uranio que podrían ubicarla entre los principales productores mundiales, aunque la mayoría de los proyectos identificados en el país —Sierra Pintada incluido— se encuentran todavía en etapas de evaluación y prospección, sin la infraestructura ni la decisión de inversión necesarias para una explotación plena.
Ese diagnóstico es el que empieza a moverse con el nuevo interés internacional por el uranio. El acuerdo que Dioxitek selló con Nano Nuclear Energy para la planta de Formosa —que prevé terminar la producción de dióxido de uranio (UO2) y sumar una segunda etapa para producir hexafluoruro de uranio (UF6), un insumo clave para el enriquecimiento— no resuelve por sí solo la falta de producción minera nacional, pero sí reabre la discusión sobre si a la Argentina le conviene volver a producir su propio uranio en lugar de seguir importándolo.
La Argentina necesita uranio, pero no lo produce desde el cierre de sus minas hace casi tres décadas. Mientras Sierra Pintada permanece en fase de remediación, la CNEA y empresas privadas avanzan con exploración en otros yacimientos del país, como Amarillo Grande y Cerro Solo, en la Patagonia, o Don Otto, en Salta. En ese contexto, cualquier definición sobre reactivar la producción minera de uranio en la Argentina —motorizada por la demanda creciente de las centrales nucleares locales y por el interés exportador que abre el proyecto de Formosa— vuelve a poner a Sierra Pintada como uno de los antecedentes obligados a revisar, en tanto es la única instalación del país con historial de producción efectiva.

Visita de autoridades provinciales y nacionales a la mina de Sierra Pintada.
Especialistas del sector remarcan que la Argentina ya tiene capacidad técnica demostrada para trabajar en la cadena del uranio: el país supo enriquecer uranio en el pasado y hoy conserva tecnología de conversión en el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu, en Río Negro. La pregunta que empieza a instalarse, a la luz del acuerdo con la empresa estadounidense, es si ese know-how puede volver a traducirse en producción minera propia, con Sierra Pintada como uno de los puntos de partida posibles en el mapa mendocino.
Narración generada con inteligencia artificial.
Un acuerdo de más de 230 millones de dólares entre la estatal Dioxitek y la estadounidense Nano Nuclear Energy para concluir la planta de Formosa reactivó el debate sobre el rol de la Argentina en el ciclo del combustible nuclear. Aunque el proyecto se ejecuta en el norte, implica a Mendoza por Sierra Pintada, en San Rafael: el Complejo Minero Fabril San Rafael operó hasta 1997 y hoy el yacimiento está bajo la CNEA, en evaluación y remediación ambiental, sin decisión de explotación comercial.
El avance del proyecto de Formosa reabre la discusión sobre si la Argentina puede volver a producir uranio localmente, tema en el que Sierra Pintada aparece como un antecedente clave por su historial previo y su situación actual bajo evaluación ambiental.
Resumen generado con asistencia de inteligencia artificial y revisado por el equipo editorial.



