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El mismo temporal, dos respuestas mineras: qué enseñan los casos de Fénix y Los Azules sobre la gestión del riesgo

El rescate de cinco trabajadores en el proyecto Fénix, en Catamarca, y la evacuación preventiva del campamento Candadito de Los Azules, en San Juan, expusieron dos estrategias operativas frente a un mismo evento climático extremo

La ola polar que cubrió de nieve la cordillera desde Salta hasta Mendoza dejó algo más que caminos inaccesibles y tapados de nieve,como operaciones afectadas. También ofreció un caso de estudio sobre cómo distintas decisiones operativas pueden modificar la gestión del riesgo frente a un mismo fenómeno meteorológico.

Por un lado, cinco trabajadores del proyecto de litio Fénix, operado por Río Tinto en el Salar del Hombre Muerto, permanen aislados en una camioneta a más de 4.500 metros de altura hasta ser localizados mediante comunicaciones satelitales, aunque aún no fueron evacuados.

Al mismo tiempo, en la cordillera sanjuanina, el proyecto de cobre Los Azules resolvió desmovilizar preventivamente al personal del campamento Candadito antes del ingreso del frente climático, pese a que el campamento contaba con autonomía para sostener su operación durante el temporal.

Más allá de las diferencias entre ambos proyectos, la comparación permite analizar un aspecto central para la minería de alta montaña: cómo se toman las decisiones cuando los pronósticos anticipan condiciones capaces de comprometer la seguridad de las personas y la continuidad operacional.

Más que una comparación, un caso de estudio

Es importante hacer una aclaración.

El episodio ocurrido en Catamarca es objeto de una investigación impulsada tras la denuncia del gremio minero, que cuestiona un eventual incumplimiento del Protocolo de Invierno. Hasta que ese proceso concluya, no corresponde extraer conclusiones sobre eventuales responsabilidades.

Precisamente por eso, el interés técnico de ambos casos no radica en establecer cuál empresa actuó correctamente o incorrectamente, sino en analizar dos modelos distintos de respuesta frente a un mismo escenario climático.

La nieve dificulta el acceso para dar con cinco mineros aislados por el temporl en catamarca.
Este martes al mediodía los rescatistas se comunicaron con los mineros varados. Ahora resta la evacuación física.

El comunicado de Río Tinto

Río Tinto emitió un comunicado oficial en el que reconstruyó que un grupo de empleados y contratistas que había partido del sitio Fénix “debió interrumpir temporalmente su traslado hacia la localidad de Antofagasta de la Sierra”. La compañía señaló que la principal dificultad es el acceso físico, dado que las nevadas son de carácter excepcional y la transitabilidad en la zona es prácticamente nula. Según el texto, se analizan alternativas tanto por vía terrestre como aérea.

La empresa indicó que activó sus protocolos de respuesta a emergencias desde el momento en que tomó conocimiento de la situación y que trabaja en coordinación con las autoridades gubernamentales. Río Tinto también informó que reforzó las medidas preventivas en el campamento Fénix para resguardar al personal que permanece en el sitio durante la tormenta.

Qué hicieron en San Juan

Desde la perspectiva de la gestión del riesgo, la principal diferencia entre ambos episodios no parece estar en la intensidad del temporal —que afectó a gran parte de la cordillera argentina— sino en el momento en que se adoptaron las decisiones operativas.

En Los Azules, la desmovilización se resolvió antes de que las condiciones meteorológicas alcanzaran su punto crítico, sobre la base de pronósticos que advertían acumulaciones significativas de nieve y vientos extremos. La decisión fue adoptada por una Mesa de Contingencias Climáticas, un mecanismo institucional previsto para evaluar este tipo de situaciones.

En el caso de Fénix, la discusión pública se concentra hoy en determinar si las decisiones de circulación adoptadas antes del temporal fueron compatibles con el Protocolo de Invierno vigente, cuestión que deberá ser esclarecida por la investigación correspondiente.

Tres aprendizajes para la industria

Más allá de las particularidades de cada proyecto, ambos episodios permiten identificar tres aspectos relevantes para la gestión de operaciones en alta montaña.

Primero, la anticipación. En entornos donde un camino puede quedar bloqueado en pocas horas, los pronósticos meteorológicos dejan de ser una herramienta de planificación para convertirse en un insumo crítico para la toma de decisiones.

Segundo, la gobernanza de las emergencias. La existencia de comités o mesas de contingencia reduce la dependencia de decisiones individuales y favorece procesos de evaluación más estructurados frente a eventos extremos.

Tercero, el papel de la tecnología. Los sistemas de comunicación satelital resultaron determinantes para mantener el contacto con los trabajadores aislados en Catamarca. Sin embargo, desde la gestión del riesgo constituyen una barrera de mitigación cuando la emergencia ya ocurrió, no un reemplazo de las medidas preventivas.

Lo que muestran Chile y Perú

La experiencia internacional muestra que la gestión del riesgo climático en minería tiende a institucionalizarse cada vez más.

En Chile, compañías como Codelco complementan sus protocolos con estaciones meteorológicas propias, centros de alerta y sistemas permanentes de monitoreo, mientras que Sernageomin coordina la respuesta sectorial ante eventos climáticos de gran magnitud.

Perú, por su parte, incorpora en su normativa la obligación de que cada unidad minera cuente con planes específicos de preparación y respuesta frente a emergencias, sujetos a fiscalización y mecanismos de reporte.

Aunque responden a modelos institucionales diferentes, ambos países comparten un principio: las decisiones críticas deben estar respaldadas por procedimientos previamente definidos y auditables.

Un debate que trasciende un temporal

Argentina se prepara para una etapa de fuerte expansión de proyectos de cobre y litio en zonas de alta montaña. En ese contexto, los eventos registrados durante este invierno ofrecen una oportunidad para revisar cómo evolucionan los protocolos de contingencia frente a fenómenos meteorológicos cada vez más exigentes.

Más allá de lo que determine la investigación sobre el caso Fénix, la principal enseñanza que dejan ambos episodios es que la seguridad operacional no depende únicamente de la capacidad de responder cuando ocurre una emergencia, sino también de la calidad de los sistemas que permiten anticiparla y decidir, a tiempo, cuándo una operación debe detenerse.