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Baterías de litio: así funcionará el sistema argentino que permitirá guardar energía para picos de consumo

La Argentina adjudicó los primeros 700 MW de almacenamiento eléctrico. El proyecto busca reforzar la red en los momentos de mayor demanda, potenciar la energía solar y eólica y abrir un nuevo mercado vinculado al boom del litio de la Puna

La Argentina dio un paso clave hacia un sistema eléctrico más flexible con la adjudicación de los primeros 700,5 MW de almacenamiento en baterías de gran escala (BESS, por sus siglas en inglés), una tecnología llamada a desempeñar un papel estratégico en un escenario donde la transición energética avanza al mismo tiempo que crecen los desafíos para abastecer la demanda.

La novedad se confirmó este martes 7 de Julio, a través del Boletín Oficial, con la resolución del programa AlmaSADI, firmada por el director nacional de Generación Eléctrica, Maximiliano Bruno, distribuye esa capacidad de almacenamiento entre un grupo de empresas privadas, con un precio promedio de adjudicación de US$ 8.427 por megavatio-mes.

La decisión llega en un contexto en el que el sistema eléctrico argentino enfrenta cada invierno y verano uno de sus mayores desafíos. Las olas de frío elevan el consumo de electricidad por la mayor utilización de calefacción eléctrica y, simultáneamente, aumenta la demanda de gas natural, obligando al sistema a responder en pocas horas con una generación mucho mayor.

Argentina empezará a almacenar su energía para usarla en los momentos más críticos.

Lo mismo ocurre en verano con las temperaturas extremas, que ya preocupan en otros puntos del mundo, con olas de calor.

Hasta ahora, esa respuesta dependía casi exclusivamente de centrales térmicas y de ampliar la red de transporte eléctrico, obras que requieren inversiones millonarias y varios años de ejecución.

Las baterías proponen otra lógica: almacenar la energía cuando sobra —por ejemplo, durante las horas de máxima producción solar o cuando los parques eólicos generan por encima de la demanda— para inyectarla a la red en los momentos de mayor consumo. En otras palabras, permiten trasladar electricidad en el tiempo, algo que hasta hace pocos años era prácticamente imposible a gran escala.

Ese cambio es considerado uno de los pilares de la transición energética. A medida que aumenta la participación de fuentes renovables, como la solar y la eólica, también crece la necesidad de tecnologías capaces de compensar su variabilidad. Un parque fotovoltaico produce su máximo al mediodía, cuando muchas veces la demanda es moderada, mientras que el mayor consumo residencial suele registrarse al anochecer, justamente cuando el sol ya no genera electricidad.

Genneia lidera el reparto

La principal beneficiaria de la convocatoria fue Genneia, que obtuvo seis de los proyectos de mayor envergadura: Bragado I-II, Cruz Alta I, Crespo, Chascomús, Santa Rosa Sur, Cañada de Gómez y Mar de Ajó. Sus ofertas oscilaron entre US$ 7.632 y US$ 8.697 por MW-mes, ubicándose entre las más competitivas del proceso.

Detrás quedó DQD Energy, con desarrollos concentrados en el noreste argentino —Villa Ángela, Castelli, San Martín, La Leonesa, Charata y Presidencia Roca—, cuyos valores se ubicaron entre US$ 9.390 y US$ 9.705 por MW-mes.

El listado se completa con proyectos de Aluar en Goya, 360 Energy Solar en Realicó, Nonogasta y Mayer, e Intermepro Generación en Pirané.

Para Genneia, líder en generación eólica y solar en Argentina, el almacenamiento representa un complemento estratégico. Las baterías le permitirán ofrecer una energía más previsible y disponible durante los horarios de mayor demanda, acercando el comportamiento de las renovables al de una central convencional sin necesidad de incrementar las emisiones.

Un nuevo mercado que dialoga con el boom del litio

Aunque la convocatoria se centra exclusivamente en infraestructura eléctrica, también abre una ventana sobre otro de los sectores que más crecen en el país: el litio.

La mayor parte de estos sistemas utiliza baterías de ion-litio, el mismo recurso cuya producción se expande aceleradamente en la Puna de Catamarca, Salta y Jujuy. Allí se concentra una de las mayores reservas mundiales del mineral y se desarrolla una nueva ola de inversiones impulsada por la demanda global de electromovilidad y almacenamiento energético.

El litio que se explorta a Asia, será requerido para las baterías de Argentina.

Hasta ahora, Argentina exporta principalmente carbonato e hidróxido de litio como materia prima para que las celdas sean fabricadas en Asia. Sin embargo, la expansión de proyectos BESS comienza a generar también una demanda doméstica de tecnologías de almacenamiento, un segmento que podría convertirse en un nuevo eslabón de la cadena de valor si en el futuro se desarrollan capacidades industriales locales.

En otras palabras, la revolución del litio no solo alimentará autos eléctricos en otros continentes. También empieza a encontrar un espacio dentro del sistema energético argentino, donde las baterías serán fundamentales para integrar más generación renovable y mejorar la confiabilidad del suministro.

Lo que viene

Tras la adjudicación comienza la etapa menos visible del proceso: la firma de contratos con CAMMESA, el cierre del financiamiento y el desarrollo de las obras.

El objetivo es que las primeras centrales de almacenamiento entren en operación antes de finales de 2029. Si los plazos se cumplen, Argentina incorporará una herramienta clave para enfrentar los picos de consumo invernales, reducir la dependencia de generación térmica en los horarios críticos y acompañar una matriz eléctrica cada vez más sustentada en energías renovables.

Más que guardar electricidad, estas baterías buscan resolver uno de los mayores desafíos de la transición energética: disponer de energía limpia exactamente cuando el sistema la necesita.