La economía argentina cerró la semana con señales contrapuestas. Moody’s elevó la calificación de la deuda soberana de Caa1 a B3, en línea con las mejoras otorgadas por otras agencias internacionales, pero el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) mostró una contracción mensual de 0,5% en mayo.
El respaldo de las calificadoras se explicó por la mejora de las cuentas fiscales, la desaceleración de la inflación y la acumulación de reservas internacionales del Banco Central. También se valoró el programa financiero para 2026-2027, que según especialistas acercaría a la Argentina a una eventual vuelta al financiamiento externo.
La evaluación positiva de los mercados, sin embargo, no se trasladó todavía a los sectores vinculados con el consumo interno. La caída de mayo tomó relevancia porque el ministro de Economía, Luis Caputo, había señalado ese mes como el comienzo de una etapa de crecimiento más intenso, especialmente para la industria y la construcción.
Los economistas consultados remarcaron que las agencias ponderan la capacidad de pago del Estado y una perspectiva de mediano plazo, con sectores como energía y minería como potenciales generadores de crecimiento y divisas. A la vez, advirtieron que las ramas productivas rezagadas son relevantes para la recaudación y para sostener el equilibrio fiscal.
Claudio Caprarulo, de Analytica, señaló además que el resultado fiscal primario de junio quedó por debajo de la meta acordada con el Fondo Monetario Internacional, lo que refleja la dificultad de preservar la consolidación fiscal mientras la recuperación continúa siendo dispar.
En ese contexto, el viceministro de Economía, José Luis Daza, afirmó que “ya están los brotes verdes” y que la población comenzaría a percibir los beneficios del orden macroeconómico. La expresión reabrió el recuerdo de la utilizada durante la gestión de Mauricio Macri, mientras el Gobierno busca sostener las expectativas financieras sin una mejora generalizada en la actividad.
Con información de Infobae — Economía.


