El cupo de importación sin arancel acercó los precios de los eléctricos a los nafteros, aunque la carga, la autonomía y la necesidad de contar con un cargador requieren adaptar los hábitos.

La exención arancelaria para un cupo de 50.000 vehículos híbridos y eléctricos modificó el escenario de precios en Argentina. Mientras los modelos importados pagaban hasta un 35% de derechos de importación, la medida permitió que varios autos eléctricos se acercaran en valor a las alternativas con motor naftero.
Los vehículos 100% eléctricos representan cerca del 10% de las ventas dentro del universo de autos con batería. A diferencia de los convencionales, funcionan con una batería de litio y un motor eléctrico, no cuentan con escape ni con la parrilla frontal tradicional, y generan un sonido electrónico destinado a advertir su presencia a los peatones.
Una de sus principales ventajas está en el costo de utilización. Para recorrer una distancia equivalente, el gasto de energía puede ser entre 80% y 90% menor que el de cargar nafta. También requieren menos mantenimiento: las revisiones se realizan cada 20.000 kilómetros, frente a los 10.000 kilómetros habituales de un vehículo de combustión, y prescinden de aceite de motor, bujías, sistema de escape, catalizador y otros componentes.
El sistema de frenado regenerativo permite recuperar energía y reducir el uso de pastillas y discos. La función conocida como One Pedal Drive hace posible desacelerar al levantar el pie del acelerador, aunque los autos eléctricos mantienen elementos compartidos con los convencionales, como el filtro del habitáculo, el líquido refrigerante y el sistema de frenos.
La principal limitación está vinculada con los tiempos de recarga. Llevar la batería del 20% al 80% demanda al menos 30 minutos y puede superar una hora, según su capacidad y la potencia del cargador. Por eso, el uso más conveniente consiste en cargar el vehículo durante los períodos en que permanece estacionado, en el hogar o en el trabajo.
Contar con un cargador propio o de acceso habitual resulta clave para incorporar esta tecnología. La carga domiciliaria cuesta entre dos y tres veces más que la realizada en puntos públicos ubicados en centros comerciales o estaciones de servicio, pero permite aprovechar las horas de descanso o de actividad laboral. La autonomía, por su parte, generalmente no supera los 400 kilómetros; los modelos que exceden esa cifra suelen pertenecer a segmentos de alta gama y superar los USD 70.000.



