Las condiciones meteorológicas extremas registradas en la cordillera se convirtieron en un desafío operativo para la minería. La combinación de nevadas históricas, temperaturas de hasta 30 grados bajo cero y fuertes vientos afectó el trabajo en áreas de alta montaña.
En la Puna, el denominado viento blanco generó situaciones de emergencia que demandaron rescates, mientras algunas operaciones debieron suspenderse preventivamente. La magnitud de los eventos puso a prueba la planificación logística y los protocolos de seguridad de las compañías.
El escenario se mantiene inestable. Los pronósticos anticipan nuevas tormentas, ráfagas de hasta 150 kilómetros por hora, viento Zonda y precipitaciones níveas en sectores elevados de la cordillera.
A este cuadro se sumó una ola de calor en altura y el accidente de un helicóptero ocurrido en San Juan, hechos que volvieron a concentrar la atención sobre los riesgos asociados al transporte y la operación en territorios alejados y de difícil acceso.
La sucesión de episodios climáticos y operativos reabrió la discusión sobre la gestión del riesgo en la actividad minera, especialmente en zonas donde las bajas temperaturas, la nieve, el viento y las distancias pueden modificar rápidamente las condiciones de trabajo.
Con información de Ámbito — Energía.


