La segunda ola de desarrollo de Vaca Muerta plantea nuevas exigencias para la cadena de valor vinculada con la actividad hidrocarburífera. El crecimiento previsto del área requiere que proveedores y empresas de servicios puedan responder con mayor escala y eficiencia.
En este escenario, la capacidad operativa deja de estar concentrada únicamente en las compañías productoras y también alcanza al entramado industrial y de servicios que sostiene las operaciones en la cuenca.
La integración entre los distintos actores aparece como un factor central para coordinar procesos, reducir demoras y acompañar el ritmo de expansión de Vaca Muerta. A la vez, la incorporación de tecnología resulta clave para mejorar la productividad y la gestión de las operaciones.
El desafío consiste en consolidar una cadena de valor capaz de atender una etapa de desarrollo más intensa, con mayores volúmenes de actividad y una demanda creciente de soluciones especializadas. Para eso, será necesario fortalecer la articulación entre empresas, proveedores y prestadores de servicios.
Con información de EconoJournal.


