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Mendoza y Catamarca, al frente del segundo ciclo minero: la recuperación de minas como nueva estrategia

Según un informe, los nuevos desafíos de la industria son económicos y técnicos para hacer minería moderna con infraestructura existente

Según un informe, los nuevos desafíos de la industria son económicos y técnicos para hacer minería moderna con infraestructura existente

Durante años, la minería argentina discutió su futuro mirando casi exclusivamente hacia adelante: nuevos descubrimientos, grandes proyectos greenfield y exploración en territorios aún no desarrollados. Sin embargo, existe otro mapa minero —menos visible pero hoy cada vez más relevante— que vuelve a ganar protagonismo: el de las minas abandonadas, cerradas o paralizadas, que conservan recursos, infraestructura y conocimiento acumulado, y que podrían reactivarse bajo nuevas condiciones económicas, tecnológicas y de mercado.

Ese cambio de enfoque es el eje del ensayo “Reactivación de Minas Abandonadas y Metales Críticos en Argentina”, elaborado por el tecnólogo industrial José Luis Dalla Gassa, investigador y consultor con más de 35 años de trayectoria en industria pesada, automotriz, oil & gas y minería. Para el autor, el debate no es ideológico ni ambiental en primera instancia, sino industrial y económico: “El mayor desafío no es geológico. Es industrial. Es cómo adaptar activos, procesos y organizaciones a nuevas condiciones económicas”.

Mendoza y Catamarca: dos provincias clave para la reactivación

El informe coloca a Mendoza y Catamarca como casos paradigmáticos de este “segundo ciclo minero”, por concentrar activos históricos subutilizados y por la reconfiguración reciente del debate productivo.

En Catamarca, el ejemplo más visible es Alumbrera, que cerró en 2018 y hoy se encuentra cada vez más cerca de una reactivación. La multinacional suiza Glencore invirtió en 2023 unos u$s475 millones para convertirse en el único accionista del proyecto MARA y avanza en la reapertura del pit Bajo El Durazno. En paralelo, acuerdos entre la provincia y la Universidad Nacional de Tucumán en el ámbito de YMAD reordenan el esquema de explotación y conocimiento técnico.

También aparece el distrito Capillitas, con minas de cobre, oro y plata que dejaron de operar cuando el cobre no tenía el peso estratégico actual. “La lógica de los metales críticos cambia completamente la ecuación económica”, sostiene Dalla Gassa al analizar estos yacimientos polimetálicos.

Raúl Jalil, gobernador de Catamarca con directivos de Glencore.

En Mendoza, el informe identifica múltiples labores antiguas y minas cerradas con potencial aurífero, argentífero y cuprífero. Allí, el freno no fue el agotamiento del recurso sino una combinación de marco regulatorio, falta de actualización tecnológica y ausencia de modelos productivos acordes al contexto actual. Para el autor, la provincia representa uno de los mayores ejemplos de activos detenidos en el tiempo que podrían ser releídos bajo una lógica industrial moderna.

El segundo ciclo minero argentino

La reactivación de minas abandonadas se inscribe en lo que muchos especialistas ya definen como el segundo ciclo minero de la Argentina. Según inventarios provinciales de Catamarca, San Juan, Jujuy, Salta, Mendoza, Córdoba, Río Negro y Santa Cruz, el país acumula más de 220 minas inactivas o abandonadas, muchas de las cuales no cerraron por agotamiento del mineral, sino por condiciones que hoy quedaron obsoletas: precios internacionales deprimidos durante los años 90 y 2000, tecnologías limitadas, altos costos de energía y logística, escasez de financiamiento y ausencia de políticas de continuidad.

Directivos de la mina Gualcamayo en San Juan, una mina que se volvió a reactivar.

El contraste económico es contundente. Mientras desarrollar una mina nueva puede demandar entre u$s250 y u$s3.000 millones y llevar 8 a 14 años, la reactivación de una mina inactiva requiere inversiones del orden de u$s5 a u$s50 millones y permite volver a producir en 6 a 12 meses.

Un mundo que vuelve a necesitar minas viejas

El escenario global explica buena parte del cambio. La demanda de metales críticos para la transición energética, la electrificación, la tecnología y la defensa se disparó. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), hacia 2040 la transición energética requerirá 30% más cobre y hasta 600% más minerales críticos.

En ese contexto, China, Estados Unidos y Europa compiten en una “guerra silenciosa” por asegurar suministro. Allí emerge la oportunidad argentina: reactivar minas que ya cuentan con accesos, infraestructura y mineral remanente, reduciendo tiempos y riesgos.

Minas abandonadas como activos industriales

El informe identifica un amplio conjunto de minas de cobre, plomo, zinc, oro, plata, hierro y manganeso que dejaron de operar no por agotamiento del recurso, sino por falta de escala, tecnología obsoleta o costos logísticos elevados. Muchas conservan ventajas clave frente a un desarrollo desde cero: información geológica histórica, estudios metalúrgicos, infraestructura básica y comunidades con experiencia minera.

“Una mina abandonada no es un pasivo por definición; es un activo que dejó de ser leído con lógica actual”, señala Dalla Gassa.

Los tres modelos de reactivación

El ensayo clasifica la recuperación de minas abandonadas en tres esquemas:

-Reactivación light, orientada a material remanente o botaderos, con inversiones de u$s500.000 a u$s3 millones y producción en 3 a 12 meses.

-Reactivación media, combinando mina y planta, con inversiones de u$s5 a u$s15 millones y plazos de 12 a 18 meses.

-Reactivación full, para proyectos polimetálicos, con inversiones de u$s15 a u$s50 millones y puesta en marcha en 18 a 36 meses, aun muy por debajo de los tiempos de una mina nueva.

Una oportunidad estratégica

De cara al período 2026–2030, el informe plantea que si Argentina logra reactivar apenas el 20% de sus minas abandonadas, podría quintuplicar la producción de metales industriales no litíferos en cinco años y consolidarse como proveedor confiable de metales críticos.

Chile, Perú, Bolivia y México ya recorrieron ese camino. Para Dalla Gassa, la clave es cambiar el enfoque: “Reactivar no es volver atrás. Es evolucionar un activo que quedó detenido en el tiempo”.