Mendoza inicia su primera formación de perforistas mineros con 140 estudiantes que accederán por primera vez a una certificación

El cobre cotiza en alza, el oro también, y Malargüe y Las Heras se convirtieron en el nuevo nombre propio de la minería nacional, con proyectos que ya tienen declaración de impacto ambiental entre el Distrito Minero Occidental Uno y Dos. Durante años, Mendoza miró ese crecimiento de reojo, exportando mano de obra a San Juan, a Catamarca, a proyectos de hasta 6.000 metros de altura en otras provincias. Ayer, con el inicio de la Formación Profesional de Perforista Minero —con su escalón previo de Auxiliar en Perforación—, la provincia empezó a escribir un capítulo distinto: el de formar puertas adentro a quienes van a operar sus propios yacimientos.
En los próximos, cuando completen la cursada, los 140 estudiantes van a recibir su certificado. Pero el primer día ya dejó ver de qué se trata esta historia: de gente muy distinta, unida por la misma decisión de animarse.

Este jueves inició la Formación Profesional en Perforista Minero y Mendoza se prepara para el boom del cobre.
Karen tiene 30 años y es técnica en farmacia. Lleva una década detrás de un mostrador y se enteró de la convocatoria “por todos lados: redes, internet, la tele”. Nunca trabajó en minería. Su marido sí, es técnico en petróleo, y juntos decidieron animarse juntos: “Es un salto alto, porque teniendo trabajo, dos hijos, una familia consolidada, decir ‘me voy a poner a estudiar’ es una decisión”. No tiene el oficio, pero tiene las ganas, y hoy comparte banco con quienes sí lo tienen.
A su lado se sentó Orlando de 38 años que lleva 17 en la industria del petróleo y la minería, y que resume en una frase lo que esta carrera significa para cientos de trabajadores informales del rubro: “He perforado en diferentes tipos de perforadoras —diamantinas, rotativas, reversas— pero no teníamos la certificación.
Dos historias tan distintas, y sin embargo la misma aula, el mismo primer día, la misma apuesta. Eso es, en el fondo, lo que propone esta carrera: que no haya un único camino válido para llegar a la minería. Que el que estudió pueda sumar un oficio nuevo, y que el que ya tiene el oficio pueda, por fin, sumar el título.

Jimena Ponce, Mariela Ramos, Pablo Aceña y María Fernanda Sabadín.
Ese cruce también incomoda un poco, sobre todo cuando se habla de quiénes pueden animarse a la altura, al campamento, a la distancia. “Son barreras que la verdad he estado completamente ajena, pero quiero ponerme en esos zapatos para ver si lo puedo superar”, reconoció Karen. Su compañero, con más rodaje, completó: “Adquiriendo los conocimientos, el miedo se pierde”. Y agregó algo que sonó casi como una invitación a las que todavía dudan: “Es raro que alguien que ya está adentro se quiera ir”.
“Cuando pensábamos en formaciones vinculadas a la minería, siempre mirábamos para otro lado. Hoy tenemos el desafío de mirarnos a nosotros mismos”, resumió Pablo Aceña, rector de INSUTEC 9-019, la institución que llevó adelante la propuesta. El proceso, según contó, llevó un año de trabajo articulado entre el Estado y las empresas del sector, algo que él mismo calificó de “muy rápido” para los tiempos a los que está acostumbrada la educación técnica.
Uno de los grandes desafíos, explicó Aceña, no fue solo armar los contenidos teóricos, sino conseguir que las prácticas fueran reales: equipos de perforación de altísimo costo, hasta ahora reservados a personal ya formado, hoy están a disposición de estudiantes que recién empiezan. Y hay algo más: buena parte de esos docentes son, justamente, trabajadores mineros curtidos en el campo que nunca antes habían dado clase. “Han desarrollado toda su trayectoria laboral sin una certificación de lo que estamos haciendo”, señaló. El obrero se convirtió en profesor. El oficio, en título.
Mariela Ramos, directora de Educación Superior de la provincia, aportó la otra pieza clave de esta historia: la posibilidad de que mayores de 25 años sin secundario completo puedan ingresar a través de exámenes de nivelación. “Que no hubiera sido de otra forma si no hubiera intervenido la Dirección de Educación Superior”, subrayó, consciente de que ahí se jugaba buena parte de la inclusión de la propuesta. Además, gracias a un plan aprobado por el INET, cada estudiante va a egresar con dos certificaciones: primero auxiliar, después perforista.
La formación de esta primera camada de perforistas y auxiliares perforistas también lleva la marca de Women in Mining (WIM) Argentina, que este año impulsó de forma activa el diseño académico de ambas tecnicaturas junto al Instituto Nacional de Educación Tecnológica. Marita Ahumada, coordinadora de la Tecnicatura Superior en Minería de Insutec y asesora técnica de WIM, contó que detrás del programa hubo “un trabajo de diseño de las dos carreras de perforista y de auxiliar perforista” que llevó años de trabajo conjunto con geólogos e ingenieros, y no ocultó la emoción de verlo hecho realidad: “Tener ahora esta instancia materializada… es un logro muy significativo para las mujeres”.

Ana Gil Barbera y Marita Ahumada de WM contribuyendo a una minería con perspectiva de género.
Ahumada recordó además una escena que grafica por qué la formación era necesaria: en plena vuelta al campo después de la pandemia, un perforista le dijo a una alumna suya, ante una consulta sobre cómo estudiar para hacer lo que él hacía, que “mejor piense en estudiar para venir a hacernos la comida y lavarnos los platos a los perforistas”. “Yo me quería morir, no podía creer lo que estaba escuchando”, relató.
Por su parte, Ana Gil Barbera, directora del comité asesor de WIM Argentina y dueña de la consultora ASAP, con experiencia en proyectos de Glencore, Lundin Mining y Cobre Mendocino, entre otros, recordó su propio recorrido al frente de una empresa de perforación con 280 empleados: “Éramos poquitas las mujeres en ese momento en minería… y el que le daba la orden era una mujer, entonces era como medio raro, pero la verdad que fue una experiencia linda hacer camino”. Gil Barbera destacó también el salto tecnológico que permitió correr el eje de la fuerza física: “Hay muchos equipos que ni siquiera entran interior mina, se manejan como con un joystick desde afuera, son autónomos”, explicó, y agregó que ya existen máquinas que “se cambian la batería solos de forma robótica”.
Una historia que recién empieza
Entre el ruido de un patio improvisado como set de entrevistas y la emoción apenas contenida del primer día de clase, quedó algo claro: esta no es solo una nota sobre minería. Es una nota sobre 140 formas distintas de animarse a algo nuevo, sobre docentes que nunca pensaron que iban a estar del otro lado del pizarrón, porque muchos de ellos son referentes de empresas perforistas y sobre una provincia que, por primera vez, decide que en el boom minero que se viene, todos —el que estudió, el que tiene oficio, el que empieza de cero— pueden tener un lugar.
Narración generada con inteligencia artificial.
Inició en Mendoza la Formación Profesional de Perforista Minero, con un escalón previo de Auxiliar en Perforación. La cursada se orienta a 140 estudiantes que recibirán su certificado cuando completen el programa. La propuesta, impulsada por INSUTEC 9-019, requirió un año de articulación entre el Estado y empresas, y busca que las prácticas con equipos de alta complejidad estén disponibles para quienes recién comienzan. Mariela Ramos destacó que mayores de 25 años sin secundario completo pueden ingresar mediante exámenes de nivelación.
El programa establece una vía de formación y certificación para trabajadores con y sin experiencia previa en perforación, con acceso a prácticas y mecanismos de ingreso para quienes no completaron el secundario, en un contexto de crecimiento minero en la provincia.
Resumen generado con asistencia de inteligencia artificial y revisado por el equipo editorial.



