Mendoza inicia su primera formación de perforistas mineros con 140 estudiantes que accederán por primera vez a una certificación

Inició en Mendoza la Formación Profesional de Perforista Minero, con un escalón previo de Auxiliar en Perforación. La cursada se orienta a 140 estudiantes que recibirán su certificado cuando completen el programa. La propuesta, impulsada por INSUTEC 9-019, requirió un año de articulación entre el Estado y empresas, y busca que las prácticas con equipos de alta complejidad estén disponibles para quienes recién comienzan. Mariela Ramos destacó que mayores de 25 años sin secundario completo pueden ingresar mediante exámenes de nivelación.
El programa establece una vía de formación y certificación para trabajadores con y sin experiencia previa en perforación, con acceso a prácticas y mecanismos de ingreso para quienes no completaron el secundario, en un contexto de crecimiento minero en la provincia.
Resumen generado con asistencia de inteligencia artificial y revisado por el equipo editorial.
El cobre cotiza en alza, el oro también, y Malargüe y Las Heras se convirtieron en el nuevo nombre propio de la minería nacional, con proyectos que ya tienen declaración de impacto ambiental entre el Distrito Minero Occidental Uno y Dos. Durante años, Mendoza miró ese crecimiento de reojo, exportando mano de obra a San Juan, a Catamarca, a proyectos de hasta 6.000 metros de altura en otras provincias. Ayer, con el inicio de la Formación Profesional de Perforista Minero —con su escalón previo de Auxiliar en Perforación—, la provincia empezó a escribir un capítulo distinto: el de formar puertas adentro a quienes van a operar sus propios yacimientos.
En los próximos, cuando completen la cursada, los 140 estudiantes van a recibir su certificado. Pero el primer día ya dejó ver de qué se trata esta historia: de gente muy distinta, unida por la misma decisión de animarse.

Este jueves inició la Formación Profesional en Perforista Minero y Mendoza se prepara para el boom del cobre.

Karen tiene 30 años y es técnica en farmacia. Lleva una década detrás de un mostrador y se enteró de la convocatoria “por todos lados: redes, internet, la tele”. Nunca trabajó en minería. Su marido sí, es técnico en petróleo, y juntos decidieron animarse juntos: “Es un salto alto, porque teniendo trabajo, dos hijos, una familia consolidada, decir ‘me voy a poner a estudiar’ es una decisión”. No tiene el oficio, pero tiene las ganas, y hoy comparte banco con quienes sí lo tienen.
A su lado se sentó Orlando de 38 años que lleva 17 en la industria del petróleo y la minería, y que resume en una frase lo que esta carrera significa para cientos de trabajadores informales del rubro: “He perforado en diferentes tipos de perforadoras —diamantinas, rotativas, reversas— pero no teníamos la certificación.
Dos historias tan distintas, y sin embargo la misma aula, el mismo primer día, la misma apuesta. Eso es, en el fondo, lo que propone esta carrera: que no haya un único camino válido para llegar a la minería. Que el que estudió pueda sumar un oficio nuevo, y que el que ya tiene el oficio pueda, por fin, sumar el título.
Ese cruce también incomoda un poco, sobre todo cuando se habla de quiénes pueden animarse a la altura, al campamento, a la distancia. “Son barreras que la verdad he estado completamente ajena, pero quiero ponerme en esos zapatos para ver si lo puedo superar”, reconoció Karen. Su compañero, con más rodaje, completó: “Adquiriendo los conocimientos, el miedo se pierde”. Y agregó algo que sonó casi como una invitación a las que todavía dudan: “Es raro que alguien que ya está adentro se quiera ir”.

“Cuando pensábamos en formaciones vinculadas a la minería, siempre mirábamos para otro lado. Hoy tenemos el desafío de mirarnos a nosotros mismos”, resumió Pablo Aceña, rector de INSUTEC 9-019, la institución que llevó adelante la propuesta. El proceso, según contó, llevó un año de trabajo articulado entre el Estado y las empresas del sector, algo que él mismo calificó de “muy rápido” para los tiempos a los que está acostumbrada la educación técnica.
Uno de los grandes desafíos, explicó Aceña, no fue solo armar los contenidos teóricos, sino conseguir que las prácticas fueran reales: equipos de perforación de altísimo costo, hasta ahora reservados a personal ya formado, hoy están a disposición de estudiantes que recién empiezan. Y hay algo más: buena parte de esos docentes son, justamente, trabajadores mineros curtidos en el campo que nunca antes habían dado clase. “Han desarrollado toda su trayectoria laboral sin una certificación de lo que estamos haciendo”, señaló. El obrero se convirtió en profesor. El oficio, en título.
Mariela Ramos, directora de Educación Superior de la provincia, aportó la otra pieza clave de esta historia: la posibilidad de que mayores de 25 años sin secundario completo puedan ingresar a través de exámenes de nivelación. “Que no hubiera sido de otra forma si no hubiera intervenido la Dirección de Educación Superior”, subrayó, consciente de que ahí se jugaba buena parte de la inclusión de la propuesta. Además, gracias a un plan aprobado por el INET, cada estudiante va a egresar con dos certificaciones: primero auxiliar, después perforista.
Entre el ruido de un patio improvisado como set de entrevistas y la emoción apenas contenida del primer día de clase, quedó algo claro: esta no es solo una nota sobre minería. Es una nota sobre 140 formas distintas de animarse a algo nuevo, sobre docentes que nunca pensaron que iban a estar del otro lado del pizarrón, porque muchos de ellos son referentes de empresas perforistas y sobre una provincia que, por primera vez, decide que en el boom minero que se viene, todos —el que estudió, el que tiene oficio, el que empieza de cero— pueden tener un lugar.




