Para Federico Olivera este Día del Trabajador no es una fecha cualquiera y menos en Uspallata, el pueblo de montaña en Mendoza que ya vive una realidad distinta por el impulso de la minería. Algo impensado hace unos años. Allí se emplaza uno de los proyectos más importantes del país: PSJ Cobre Mendocino, que está en pleno avance para producir cobre en 2027.
Con sus 30 años, Federico tiene una vida completamente distinta a la que llevaba hace unos meses, cuando se dedicaba a la venta de insumos como emprendedor, daba clases particulares de Inglés y caminaba seis kilómetros para llegar al campus donde se dictaban clases virtuales de Minería del Instituto de Educación Superior (ISTEEC). Hoy tiene su título en Logística Minería y está trabajando en Impulsa, la empresa provincial de Energía.

Fede hoy es el nexo entre Impulsa y la comunidad, en las capacitaciones para emprendedores, proveedores y en los cursos que se dictan desde la plataforma para aprender las nociones básicas de la minería. Además, de llevar los quehaceres administrativos en la oficina de la Villa de Uspallata.
El cambio empezó con algo inesperado: una carrera nueva. “Fue una convocatoria muy linda para los uspallatinos. Nunca hubo una carrera así, todo era nuevo”, recuerda. Se anotó junto a su pareja, Luciano Jofré, con la clara convicción del impacto de la minería en la vida de las personas y de los jóvenes, fundamentalmente.
La minería cambia vidas
Su padre trabajó en la minería en San Juan como electricista y fue parte de grandes proyectos como Veladero. Por lo que fue testigo y hoy es una historia en primera persona de cómo la minería transforma la vida de las personas.
“Hoy me siento muy orgullo de mí, pude lograrlo. Seguí los pasos de mi papá y apoyo a la minería, a Mendoza, explicando y siendo parte de los procesos de control y transparencia. Me involucré de lleno y como quien dice ‘nos tiramos a la pileta’, en un momento en que incomodaba hablar de este tema en la comunidad”, recuerda.
Los primeros pasos para lograr la formación profesional, no fueron nada fáciles.
“En mi casa no tengo red de gas, ni luz. Todas las mañanas, muy temprano, caliento agua para bañarme. Prendo el generador que tengo para planchar mi camisa y salgo a trabajar caminando. Siempre digo que, si yo pude estudiar con estas circunstancias, cualquiera puede”.

Las complejidades de la vida en la montaña y el frío no fueron la única barrera. En aquel momento, existían prejuicios y mucha desinformación sobre la actividad minera.
“Apoyar la minería en aquel momento era muy difícil, la gente te miraba mal o te quitaba oportunidades, no te daba trabajo. Todo esto fue cambiando con las Audiencias Públicas, con la capacitación a la población”, señala.

Fede recuerda la primera charla que tuvo con la directora de Educación Superior, Mariela Ramos, quien al final del encuentro propuso una imagen conjunta para guardar el recuerdo de esa primera cohorte, que iba a llegar en diciembre del 2025.
“La amamos a Mariela por traer una carrera nueva para los jóvenes. Al principio nadie quería salir en las fotos por el miedo y la presión de sectores en contra de la minería. Gracias a Dios, porque yo creo mucho en Dios, las cosas cambiaron para bien y hoy estamos haciendo minería”, destaca.
La decisión de estudiar minería en Uspallata
Fede vendía indumentaria, insumos y además daba clases de Inglés a los chicos de su barrio. Así sostenía su hogar, teniendo claro que había otras posibilidades si trabajaba duro.
“Al momento de la decisión pensé, esto va a ser muy positivo. Va a tener una repercusión importante en mi vida y en la de muchos”.

Hoy su realidad sigue siendo austera, pero distinta. “No es que cambió todo de un día para el otro, pero ahora hay un camino”, resume. Y ese camino empezó, literalmente, caminando: “Seis kilómetros para ir a estudiar. Hoy estoy trabajando de lo que me gusta”.


