En medio del debate por la Ley de Glaciares, los números de la minería hoy
En medio del debate por la actualización de la Ley de Glaciares, la minería vuelve a ocupar un lugar central en la agenda económica. Con precios internacionales en alza y una demanda global sostenida de minerales estratégicos, el sector se consolida como uno de los motores con mayor potencial de crecimiento en el país, aunque sigue generando tensiones con sectores ambientalistas.
Según distintos informes privados, Argentina podría captar inversiones por más de u$s63.000 millones hacia 2035 y multiplicar por cinco sus exportaciones mineras, que hoy rondan los u$s6.000 millones anuales. Este salto implicaría un cambio estructural en la matriz productiva, con la minería ganando protagonismo junto a la energía y el agro.
Qué minerales lideran la producción
La actividad minera argentina está fuertemente concentrada en pocos recursos. El oro encabeza ampliamente las exportaciones con cerca del 67% del total, seguido por el litio (15%) y la plata (13%). En menor medida, también se extraen boratos, plomo y cales.
A nivel global, el país ocupa un lugar relevante en minerales clave para la transición energética. Es el quinto productor mundial de litio, con casi el 8% de la producción global, y concentra además cerca del 12% de las reservas. En plata aporta poco más del 3% del total mundial, mientras que en cobre —aunque sin producción activa— posee alrededor del 2% de las reservas.

Un mapa concentrado en cinco provincias
La producción minera se distribuye de manera muy desigual en el territorio. Cinco provincias explican el 98% de las exportaciones del sector:
- Santa Cruz (39%)
- San Juan (29%)
- Jujuy (16%)
- Salta (8%)
- Catamarca (6%)
Cada región presenta una especialización marcada: el oro se concentra principalmente en Santa Cruz y San Juan, mientras que el litio se explota casi exclusivamente en Jujuy y Catamarca.
Empleo y salarios por encima del promedio
Aunque el empleo minero representa una porción acotada del total, muestra una dinámica más favorable que otros sectores. En la última década, el trabajo en minería no metalífera —impulsado por el litio— creció con fuerza, mientras que la minería metalífera tuvo una evolución más moderada.
Uno de los datos más destacados es el nivel salarial: los sueldos del sector se ubican muy por encima del promedio de la economía, llegando incluso a triplicarlo en algunos segmentos.
Dos realidades: caída del metal y auge del litio
El sector exhibe dos tendencias claras. Por un lado, la minería metalífera arrastra una caída desde 2017, vinculada al cierre de proyectos clave como Bajo de la Alumbrera, que marcó el fin de la producción de cobre en el país.
Por otro, los minerales no metalíferos atraviesan una etapa de fuerte expansión. El litio, en particular, se convirtió en el principal motor de crecimiento, acompañado por otros insumos vinculados a la actividad energética, como las arenas para fracking.

Contexto global y oportunidad
El escenario internacional, atravesado por la transición energética y la electrificación, impulsa la demanda de minerales como litio, cobre y plata. En ese contexto, Argentina aparece bien posicionada por su potencial geológico y su condición de exportador neto de energía.
Además, herramientas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) ya concentran compromisos millonarios en proyectos mineros, especialmente en cobre y litio.
El trasfondo: el debate por los glaciares
El crecimiento del sector convive con una discusión clave: el alcance de la Ley de Glaciares. La iniciativa en debate busca redefinir conceptos vinculados a las reservas hídricas y otorgar mayor participación a las provincias en la determinación de áreas protegidas.
La norma mantiene a los glaciares como reservas estratégicas de agua, fundamentales para el consumo humano, la producción y la preservación ambiental, lo que explica la sensibilidad que genera cualquier modificación.
Un sector con potencial y tensiones
Con inversiones en carpeta y una demanda global en alza, la minería argentina se perfila como uno de los pilares del crecimiento económico en los próximos años. Sin embargo, el desafío será lograr un equilibrio entre desarrollo productivo, cuidado ambiental y consenso social en torno a una actividad que, aunque estratégica, sigue bajo debate.


