Los buques petroleros ya cargados no han salido, como consecuencia de la incertidumbre política que se vive por estas horas en Venezuela
La petrolera estatal venezolana Petróleos de Venezuela (PDVSA) comenzó a implementar recortes en la producción de crudo mediante el cierre de pozos y yacimientos operados en conjunto con socios privados, ante el rápido aumento de inventarios y la escasez de diluyentes, en un contexto de exportaciones prácticamente paralizadas.
La decisión se produce luego de que Estados Unidos anunciara un bloqueo a los buques sancionados que operan en aguas venezolanas y avanzara con la incautación de cargamentos de petróleo durante diciembre. El escenario se agravó tras la detención del presidente depuesto Nicolás Maduro y su esposa por fuerzas estadounidenses, lo que profundizó la crisis política e institucional y aceleró la disrupción logística del sector energético.

Exportaciones detenidas y presión sobre los inventarios
Según fuentes cercanas a la compañía citadas por Reuters, las autoridades portuarias no han autorizado la salida de petroleros ya cargados, lo que provocó que los tanques de almacenamiento y los buques utilizados como almacenamiento flotante alcanzaran rápidamente su capacidad máxima. De persistir esta situación, PDVSA podría verse obligada a aplicar nuevos recortes productivos en las próximas semanas.
Si bien los ataques militares no habrían provocado daños directos en las instalaciones de producción y refinación, el bloqueo anunciado semanas atrás ya había reducido significativamente la presencia de armadores internacionales en los puertos venezolanos, profundizando la parálisis operativa.
Actualmente, Venezuela produce alrededor de 1,1 millones de barriles diarios, muy por debajo de su potencial histórico, pese a contar con unas reservas probadas estimadas en más de 303.000 millones de barriles, concentradas en su mayoría en la Faja Petrolífera del Orinoco.
Escasez de diluyentes y crudo extrapesado
El impacto operativo se ve agravado por la falta de diluyentes, insumo clave para procesar y transportar el crudo extrapesado venezolano. La interrupción del suministro de estos productos limita la capacidad de PDVSA para sostener niveles de producción estables, incluso en campos que no fueron directamente afectados por el conflicto.
Chevron, el único operador estadounidense activo
En este contexto, Chevron quedó en el centro de la atención del mercado. La petrolera es actualmente la única empresa estadounidense que continúa operando en Venezuela, exportando cerca de 150.000 barriles diarios de crudo pesado a través de empresas mixtas con PDVSA, bajo una licencia restringida otorgada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
La compañía informó que su prioridad es garantizar la seguridad de su personal y la integridad de sus activos en el país. En febrero, la administración Trump revocó una licencia amplia otorgada durante el gobierno de Joe Biden y posteriormente habilitó un permiso limitado que permite a Chevron operar bajo un esquema de compensación de deuda, sin transferencias directas de ingresos al gobierno venezolano.
El plan de Washington para el sector petrolero
El presidente Donald Trump aseguró que empresas petroleras estadounidenses invertirán “miles de millones de dólares” para reparar la infraestructura petrolera venezolana, que calificó como gravemente deteriorada. Según explicó, el objetivo es rehabilitar campos, refinerías y sistemas de transporte para restablecer la producción y el flujo exportador.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, equivalentes a cerca del 17% del total global, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA). Sin embargo, la producción actual representa solo una fracción de ese potencial, tras más de una década de desinversión, problemas estructurales y sanciones internacionales.
Mientras se define el nuevo marco político y operativo, el mercado internacional sigue de cerca la evolución de la producción venezolana, cuyo aporte sigue siendo limitado en términos globales, pero relevante como factor de riesgo adicional en un mercado petrolero que ya enfrenta señales de sobreoferta.


