La expansión de la minería metalífera del oro y el cobre, como el litio, no solo demanda mano de obra especializada y proveedores tecnológicos. También obliga a extremar los controles médicos para quienes trabajan en condiciones extremas, especialmente en proyectos ubicados a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar.
Uno de los referentes en el tema, es el equipo médico de Clínica Alemana que desde hace 25 años realiza estudios de medicina laboral para proyectos mineros y empresas proveedoras vinculadas a la actividad. Allí advierten que no cualquier persona está físicamente apta para desempeñarse en alta montaña y que los controles son cada vez más estrictos.
“Trabajar a 4.500 metros de altura lleva exámenes cardiológicos especiales, laboratorios específicos y prácticas médicas particulares”, explicó Silvina Castro, representante de la firma especializada en salud ocupacional minera durante una entrevista en la Expo San Juan Minera 2026.

Controles médicos más exigentes
Según detalló Castro, cada proyecto minero establece protocolos diferentes de acuerdo con las condiciones geográficas, la altura y el tipo de tarea que desarrollará el trabajador.
“No es lo mismo trabajar en litio en la puna que hacerlo en un proyecto de cobre en alta montaña. Cada empresa tiene exigencias específicas”, señaló.
Entre los estudios que se realizan aparecen:
- Exámenes preocupacionales completos
- Estudios cardiológicos especiales
- Laboratorios de grasas en sangre y glucemia
- Detección de consumo de drogas
- Evaluaciones clínicas de aptitud física
- Controles respiratorios y de presión arterial
El objetivo es determinar si el trabajador puede soportar jornadas extensas en altura, donde las bajas temperaturas y la menor oxigenación representan un riesgo adicional para la salud.
El corazón y el peso, dos factores claves
Desde la medicina laboral minera advierten que los problemas cardiovasculares son uno de los principales puntos de atención. La altura puede agravar patologías preexistentes y generar complicaciones severas si el trabajador no está en condiciones óptimas.
“La parte cardiológica y el peso son factores que muchas veces limitan el ingreso. Los valores de laboratorio pueden no dar normales y eso termina siendo un impedimento”, explicó Castro.
En esos casos, los trabajadores reciben un “apto no temporal”, es decir, una habilitación suspendida hasta regularizar su situación médica. Muchas veces son derivados a especialistas para controles de glucemia, tratamientos nutricionales o seguimiento cardiológico antes de obtener el alta definitiva.
Estudios dentro la mina
Otro de los desafíos de la actividad minera es la logística sanitaria. Los trabajadores suelen cumplir diagramas extensos, como sistemas de 14×14 o 15×15, lo que obliga a planificar cuidadosamente la vigencia de los estudios médicos.
Sin embargo, cuando las condiciones impiden el traslado del personal, algunas clínicas cuentan con estructuras móviles para atender dentro de los proyectos mineros.
“Tenemos contenedores equipados para realizar el circuito laboral directamente en los yacimientos”, explicó Castro. Allí pueden realizarse análisis clínicos, controles médicos y renovaciones de aptitud sin necesidad de bajar de la montaña.
Fuertes controles sanitarios
Las empresas mineras también cuentan con médicos propios que trabajan de manera coordinada con las clínicas laborales externas. El seguimiento médico se volvió una pieza central dentro de la operación minera moderna, especialmente en proyectos de gran escala.
“Hay que cuidarse muchísimo para trabajar en minería”, resumió Castro, quien remarcó que la prevención y los hábitos saludables son hoy casi tan importantes como la experiencia laboral para ingresar a la actividad.


