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Del aislamiento a la coordinación: la minería arma su estrategia federal

La iniciativa apunta a la creación de una mesa federal que reúna a los principales distritos con potencial extractivo

La minería argentina avanza hacia una coordinación federal para ordenar inversiones y ganar escala en un contexto global marcado por la demanda de cobre y minerales críticos. En ese proceso, el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo y su par sanjuanino, Marcelo Orrego, se consolidan como articuladores de un nuevo eje regional que busca posicionar al país en el mapa estratégico de la transición energética.

La minería argentina ensaya un giro estratégico. En un contexto internacional marcado por la demanda creciente de cobre, litio y minerales críticos, un grupo de provincias decidió avanzar en la creación de una mesa federal orientada a coordinar inversiones, infraestructura y políticas públicas. El movimiento, presentado en el marco de la Expo San Juan Minera 2026, busca corregir una de las debilidades históricas del sector: la fragmentación.

Hasta ahora, el desarrollo minero en la Argentina ha estado condicionado por lógicas provinciales, con marcos regulatorios, tiempos políticos y prioridades muchas veces disociadas. La nueva instancia pretende ordenar ese escenario y ofrecer una señal de previsibilidad hacia inversores que operan, cada vez más, bajo esquemas regionales y de escala.

La iniciativa reúne a provincias clave como Mendoza, San Juan, Salta, Jujuy y Catamarca, entre otras, con el acompañamiento del Consejo Federal de Inversiones y actores empresariales. Más allá del anuncio, lo relevante es el cambio de enfoque: pasar de la competencia interprovincial a una lógica de complementariedad, en la que la infraestructura, la logística y la formación de proveedores se piensen de manera integrada.

En ese esquema emergen dos figuras con peso propio. El gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, y su par de San Juan, Marcelo Orrego, comienzan a consolidarse como impulsores centrales de esta nueva etapa. Ambos encarnan, con matices, una narrativa común: la del cobre como vector de desarrollo y como puerta de entrada a la inserción internacional de la Argentina en la transición energética.

No es casual. Mientras San Juan ya cuenta con proyectos avanzados y una tradición minera consolidada, Mendoza ha iniciado un proceso de reconfiguración institucional que busca recuperar protagonismo en el sector. La convergencia entre ambas provincias, lejos de ser retórica, apunta a construir una masa crítica que permita disputar inversiones a nivel regional frente a competidores como Chile o Perú.

En ese marco, Cornejo y Orrego empiezan a ser leídos dentro del sector como los “arquitectos del corredor del cobre”, una etiqueta que sintetiza tanto la ambición productiva como la vocación de coordinación política. El concepto no es menor. Supone entender que el desarrollo minero ya no depende exclusivamente de la existencia de recursos, sino de la capacidad de articular condiciones sistémicas: reglas claras, infraestructura eficiente y estabilidad macroeconómica.

Las cifras que circulan en el sector refuerzan esa lectura. Proyecciones oficiales y privadas estiman inversiones por decenas de miles de millones de dólares en la próxima década, con un foco creciente en proyectos cupríferos. En ese escenario, la Argentina enfrenta un doble desafío. Por un lado, acelerar sus tiempos internos. Por otro, presentarse como un destino confiable en un mercado global altamente competitivo.

La mesa federal aparece, en ese sentido, como un intento de respuesta. Pero su eficacia dependerá de la capacidad de traducir la coordinación política en decisiones concretas. La historia reciente muestra que los anuncios, por sí solos, no alcanzan.

Lo que está en juego es más que una agenda sectorial. Es la posibilidad de que la minería deje de ser una promesa recurrente y se convierta en un eje estructural de la economía argentina. En ese camino, la articulación entre provincias y el liderazgo de figuras como Cornejo y Orrego serán determinantes para definir si el país logra, finalmente, subirse al ciclo global de los minerales críticos o vuelve a quedar, una vez más, al margen.