Radiación, minería y controles: la historia poco conocida que Mendoza ya vivió
La serie brasileña Emergência Radioativa volvió a instalar un temor que aparece cada tanto en la cultura popular. El miedo a un objeto aparentemente común que esconde radiación.
La ficción se inspira en un hecho real ocurrido en Goiânia en 1987, cuando una cápsula médica con Cesio‑137 fue encontrada dentro de un hospital abandonado. Dos personas la desmontaron sin saber lo que contenía. El polvo brillante que liberó terminó dispersándose entre vecinos y chatarreros. El accidente dejó muertos, cientos de personas contaminadas y barrios enteros bajo contaminación.
Ese episodio cambió para siempre las normas internacionales sobre el manejo de material radiactivo. Y explica por qué hoy cualquier incidente activa protocolos inmediatos.
En Mendoza, de hecho, hubo un episodio reciente que pasó casi desapercibido.

El incidente en la ruta
En octubre de 2024 una camioneta que transportaba un equipo de gammagrafía industrial sufrió un accidente en la Ruta Nacional 40, cerca de El Sosneado.
Dentro del equipo había una fuente radiactiva de Iridio‑192, utilizada para realizar radiografías industriales en soldaduras y estructuras metálicas.
Tras el impacto el dispositivo salió despedido del vehículo y quedó al costado de la ruta. La policía estableció un perímetro de seguridad hasta que especialistas evaluaran la situación.
El episodio no generó liberación de radiación ni exposición a la población. La fuente estaba encapsulada dentro de un contenedor blindado diseñado justamente para resistir golpes y accidentes.
Pero el incidente sirvió para mostrar cómo funciona el sistema de control.
La tecnología que se usa la industria todos los días
Las fuentes radiactivas no aparecen solo en centrales nucleares.
Se utilizan en hospitales, laboratorios y en múltiples actividades industriales. También en minería.
En las operaciones mineras modernas se emplean instrumentos radiométricos para medir densidad del mineral, controlar procesos en plantas de tratamiento o verificar soldaduras en ductos y estructuras. En ese contexto la radiación funciona como una herramienta de medicición extremadamente precisa.
Por eso la clave no está en la existencia del material radiactivo sino en cómo se regula.
En Argentina ese control corresponde a la Autoridad Regulatoria Nuclear, el organismo encargado de supervisar el uso, transporte y almacenamiento de cada fuente radiactiva del país.
La historia nuclear en Mendoza
La relación de Mendoza con la radiación no empezó con ese accidente en la ruta.
La provincia tuvo durante décadas una explotación minera vinculada directamente a materiales radiactivos.
En Sierra Pintada, cerca de San Rafael, funcionó entre 1975 y 1997 una de las principales minas de uranio del país. El mineral era procesado para producir concentrado destinado al programa nuclear argentino.
Hoy el sitio se encuentra bajo tareas de remediación ambiental supervisadas por la Comisión Nacional de Energía Atómica, en un proceso que forma parte de los estándares internacionales de cierre y recuperación de minas de uranio.
Ese pasado explica por qué el manejo de materiales radiactivos de en la región está sometido a controles especialmente estrictos.
El aprendizaje después de las tragedias
Los accidentes radiológicos más graves de la historia no ocurrieron por el uso industrial de la radiación, sino por la pérdida de control sobre una fuente.
El caso de Goiânia es el ejemplo más conocido. Desde entonces las regulaciones internacionales establecieron sistemas de trazabilidad, licencias obligatorias y protocolos de transporte que permiten saber en todo momento dónde se encuentra cada fuente radiactiva.

Ese esquema incluye contenedores blindados, capacitación del personal, inspecciones periódicas y procedimientos de emergencia.
El incidente ocurrido en El Sosneado mostró precisamente eso.
Un accidente vial activó un protocolo. El área fue aislada. El equipo fue recuperado. Y el sistema funcionó como estaba previsto.


