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La nueva era de los metales: tasas bajas, geopolítica y déficit de oferta impulsan un rally sin precedentes

La caída del precio del dólar, la incertidumbre y los cambios que impone la IA hace que el oro, la plata y el cobre sean un refugio

La caída del precio del dólar, la incertidumbre y los cambios que impone la IA hacen que el oro, la plata y el cobre sean un refugio

El rally de los metales dejó de ser una anomalía de nicho para convertirse en uno de los movimientos más contundentes de los mercados globales. En apenas unas jornadas, la plata alcanzó máximos históricos, el oro registró su mayor suba anual desde 1979 y el cobre quebró la barrera de los US$ 12.000 por tonelada. No se trata de un episodio aislado ni de una burbuja puntual: el escenario actual combina factores monetarios, geopolíticos, financieros y estructurales que se potencian entre sí y redefinen el rol de los metales en la economía global.

Lejos de una causa única, el fenómeno responde a una convergencia de fuerzas. La primera es claramente monetaria. Los mercados descuentan un retorno a un ciclo de tasas más bajas en Estados Unidos, con al menos dos recortes previstos por parte de la Reserva Federal en 2026. Ese cambio reduce el atractivo de los bonos del Tesoro y mejora la posición relativa de activos que no pagan renta, como el oro y la plata. El resultado es visible: el oro avanzó hasta los US$ 4.556 la onza y la plata saltó más de 7% en una sola rueda, confirmando que el costo de oportunidad volvió a jugar a favor de los metales.

Por el contexto aumentó el valor del cobre.

Metales, un refugio ante un dólar en picada

El debilitamiento del dólar refuerza esa dinámica. En un contexto de incertidumbre política en Estados Unidos y expectativas de política monetaria más laxa, el billete verde se encamina a su peor desempeño anual desde 2017. Con un dólar más débil, los metales —cotizados en esa moneda— se vuelven relativamente más baratos para los inversores internacionales, lo que amplifica la demanda y presiona los precios al alza.

A este cuadro se suma el resurgimiento del riesgo geopolítico. Las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, con despliegue militar en el Caribe y amenazas sobre el comercio energético, reactivaron la búsqueda de activos refugio. Cada escalada en el tablero internacional vuelve a colocar al oro y a la plata en su rol histórico de resguardo frente a la incertidumbre, una función que los mercados parecen haber redescubierto con fuerza.

Pero el rally no se explica solo por flujos financieros. Uno de los pilares más sólidos es la demanda récord de los bancos centrales. En un proceso sostenido de diversificación y desdolarización, especialmente en economías emergentes, las autoridades monetarias acumulan oro como reserva estratégica. Esta compra institucional aporta una base de demanda estable y de largo plazo, reduce la volatilidad y refuerza la tendencia alcista: el oro ya acumula una suba cercana al 72% en el año, la mayor en más de cuatro décadas.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

Si el oro brilla, la plata directamente deslumbra. Con precios próximos a los US$ 79 la onza y una suba cercana al 170% en lo que va del año, el metal combina su tradicional rol financiero con una demanda industrial en plena expansión. Energía solar, electrónica, electrificación y su reciente inclusión en la lista de minerales críticos de Estados Unidos explican por qué la plata enfrenta déficits estructurales de oferta. A diferencia del oro, cualquier desequilibrio entre producción y consumo tiene un impacto multiplicado en su cotización.

Para el analista de commodities Gustavo Martínez, el eventual freno del rally de la plata no vendrá por una caída de la demanda física, sino por un ajuste en el mercado financiero. “El final probablemente llegue por aumentos en los requisitos de margen del COMEX, que obliguen a cerrar posiciones apalancadas y enfríen el mercado de futuros”, sostiene. En un contexto donde la demanda real gana peso, agrega, los inversores prefieren retener metal tangible antes que venderlo, incluso con precios en máximos históricos.

La influencia de la IA en el rally de los metales

La suba de los metales también refleja una rotación defensiva de carteras. El crecimiento de la deuda pública, la fragilidad fiscal de las principales economías y el temor a una burbuja en torno a la inteligencia artificial empujaron a muchos fondos a refugiarse en activos reales. No solo oro y plata: platino, paladio y cobre también se benefician de esa estrategia de diversificación frente a eventuales correcciones financieras.

El cobre, en particular, sintetiza los factores estructurales del rally. La transición energética, la electrificación del transporte y de las redes, la amenaza de aranceles y la falta de nuevas minas de gran escala presionan sobre una oferta que crece más lento que la demanda. A eso se suma el rol determinante de China, que concentra más de la mitad de la producción mundial de cobre refinado. Su apetito industrial y las recientes decisiones de grandes fundidores de recortar más del 10% de la producción prevista para 2026 profundizaron los desequilibrios y llevaron al metal rojo a máximos históricos.

En conjunto, el movimiento de los metales no parece una moda pasajera. Es la expresión de un cambio de ciclo, donde la política monetaria, la geopolítica, la transición energética y las tensiones estructurales de oferta convergen en un mismo punto. En ese nuevo mapa, oro, plata y cobre dejaron de ser solo commodities: volvieron a ocupar un lugar central como termómetro —y refugio— de un sistema global cada vez más inestable.