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Mendoza aprobó PSJ Cobre Mendocino: cuando los datos le ganan a los eslóganes

Quienes no cuentan con una base sólida demonizaron a la minería por sus características, pero no cuestionan a otras industrias con técnicas similares. ¿Oportunismo, demagogia?

Quienes no cuentan con una base sólida demonizaron a la minería por sus características, pero no cuestionan a otras industrias con técnicas similares. ¿Oportunismo, demagogia?

Mendoza acaba de dar un paso que, sinceramente, ya no admite lecturas en clave de miedo o consignas recicladas de otra época. La aprobación del Proyecto PSJ Cobre Mendocino confirma algo que la provincia viene insinuando hace años y que muchos todavía prefieren ignorar: Argentina tiene la capacidad técnica, institucional y científica para desarrollar minería moderna bajo estándares internacionales y con niveles de control que otras industrias ya aplican sin hacer demasiado ruido.

Lo llamativo es que, mientras algunos sectores intentan instalar viejos eslóganes apocalípticos, la discusión real —la que se dio dentro del Estado, en los equipos técnicos, en la Audiencia Pública y en los dictámenes sectoriales— es infinitamente más seria. Acá no se debatió si “minería sí o minería no”, sino cómo se controla, qué tecnología se usa, qué procesos se auditan y qué condiciones exige Mendoza para autorizar un proyecto. Spoiler: son muchísimas y no dejan margen para improvisaciones.

La tradición de la energía nuclear en Argentina

En paralelo, la Argentina es el mismo país que opera centrales nucleares, produce sus propios combustibles nucleares, diseña reactores de investigación que exporta al mundo y utiliza sustancias químicas de alta especificidad en la industria alimentaria y farmacéutica. Todo eso lo hacemos hace décadas, con miles de profesionales formados, y sin que el país se derrumbe cada dos años como pronostican algunos gurús del desastre.

La comparación no es caprichosa. La energía nuclear es uno de los sectores más regulados, controlados y sensibles del planeta, y Argentina lo domina al punto de vender tecnología nuclear a Australia y Países Bajos. Es decir, manejamos procesos que requieren precisión quirúrgica, radioisótopos, química fina, monitoreos permanentes y protocolos de operación que son prácticamente manuales de aeronáutica. ¿Y hay quienes dicen que no podríamos controlar un proyecto de cobre? En serio.

Mientras tanto, la vitivinicultura, orgullo mendocino, usa productos químicos como el xantato, fundamentales en procesos industriales globales. Se aplican en bodegas, en cultivos y en distintas cadenas agroindustriales. Nadie arma barricadas por eso. Nadie habla de “megacatástrofes”. Porque la ciencia, cuando se la entiende, deja poco espacio para el drama.

La energía nuclear tiene una importante tradición en Argentina. En su momento, fue ejemplo de desarrollo en el mundo.

La minería moderna en Mendoza tiene un marco legal estrictísimo, empezando por la Ley 7722, que obliga a analizar proyecto por proyecto bajo normas químicas específicas, estudios integrales, revisión de organismos técnicos, participación ciudadana y, como se vio con PSJ, controles cruzados que involucran a universidades, expertos y áreas ambientales, energéticas y productivas. Todo está monitoreado, auditado y condicionado a cumplir cada punto antes de avanzar un metro más.

Dato mata relato

Pero este dato parece incomodar a los profesionales del slogan fácil. Decir “no se puede” queda cómodo, aunque la evidencia muestre lo contrario. Decir “el agua” suena fuerte, aunque los números demuestren que la industria minera usaría menos del 1% del agua total de Mendoza, mientras la mayor parte del consumo sigue en el riego intrafinca y en los cultivos. Y claro: los mismos compuestos químicos que algunos demonizan en minería ya se usan hace décadas en el agro. El doble estándar es evidente.

PSJ Cobre Mendocino rompe esa inercia. No solo porque introduce a Mendoza en la cadena global del cobre —insumo clave para la electromovilidad, la transición energética y todas las tecnologías que se supone que queremos fomentar— sino porque pone en evidencia que la provincia puede discutir con rigor técnico, con información y sin miedo.

Campamento de PSJ Cobre Mendocino, el primer proyecto de cobre para su extracción en Mendoza.

Aceptar un proyecto de esta magnitud implica reconocer que ya somos una provincia y un país con madurez tecnológica: sabemos operar nuclear, sabemos operar química fina, sabemos operar energía, agroindustria, petróleo y ahora minería metálica con la lupa encima. Lo hacemos todos los días.

El mundo avanza hacia una matriz verde que necesita cada kilo de cobre disponible. La gran ironía es que, mientras países desarrollados aceleran sus permisos mineros para cumplir metas climáticas, acá algunos sectores intentan convencernos de que es mejor quedarnos afuera… justo cuando tenemos la oportunidad de hacerlo bien, cumpliendo con la ley, con controles estrictos y con los beneficios productivos que Mendoza necesita para diversificar su economía.

PSJ Cobre Mendocino no es solo un proyecto minero. Es un síntoma de que Mendoza decidió volver a jugar en serio. En vez de seguir discutiendo consignas de los 90, empieza a discutir procesos, estándares, tecnología, desarrollo y futuro. Y eso, en este país, ya es histórico.